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viernes, 19 de julio de 2013

LA VIRGEN DEL SAMIRIA. Roger Rumrrill

Yo soy un amante de los héroes de comics, pero, al mismo tiempo soy un gran amante de los héroes de carne hueso que me han fascinado desde siempre, esos héroes reales son muchos y variados, la mayoría imagino que será difícil conocerlos porque ya han pasado a una mejor vida o simplemente porque nuestros mundos difícilmente se podrán encontrar, pero vamos que he tenido suerte de conocer a unos pocos y uno de los que siempre ha encabezado mi lista particular de preferencias ha sido y continua siendo el gran y shamanico maestro, Roger Rumrrill.



Roger Rummrill,  es una joya preciosa del mundo intelectual Amazónico Peruano y siempre se ha mantenido en pie de guerra frente a cualquier amenaza sobre nuestro territorio, como un fiel y protector Chullachaqui o Shapshico castigador. Frente a cada abuso de poder, sean por parte del estado, empresariales o institucionales, él siempre se ha atrevido a hablar fuerte y claro.  Sus cuentos están llenos de ese mundo verde y mágico que él protege en la vida real como Roger  Rumrrill y en la ficción, con su querido y entrañable personaje “Oroma”.  Tuve la suerte de verlo un día antes de partir y tuvimos una agradable conversa, acompañados con una mazamorra de shibe con leche de soya, que su esposa había preparado previendo mi apetito voraz, aquella mazamorra me supo a elixir de Dioses que me lleno no solo el estómago sino también el alma, necesitaba de algo así y de una buena y agradable conversa con mi respetable anfitrión. 

No perdí el tiempo y le caí con una retahíla de preguntas sobre su última novela, el respondió a mis curiosidades siempre con una paternal condescendencia. Roger es un cuenta cuentos espectacular y es capaz de llevar el hilo de una historia sobreponiendo otras en el camino, al estilo en que lo hacían nuestros antepasados amazónicos. Me agrado descubrir algunos secretos de su novela, incluso antes de leerlo, porque no fue sino hasta despedirnos que hicimos el ritual de intercambiarnos un ejemplar de su última novela “La virgen del Samiria”, con mi libro de cuentos africanos. El balance de ese intercambio me es favorable pues admiro mucho la literatura de Roger y he empezado a leer la novela con mucho esmero y calma, hasta ahora me estoy divirtiendo en su lectura y descubriendo muchas cosas acontecidas en la época del caucho y más tarde con el petróleo, todas esas cosas sucediendo mientras nos hace viajar por quebradas, ríos y pueblos que son ráfagas de nostalgia en mi memoria.

domingo, 26 de diciembre de 2010

EL SUEÑO DEL CELTA Y EL PARAÍSO DEL DIABLO

Por Róger Rumrrill:


Estaba esa mañana de abril en el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), en Iquitos, coordinando una reunión entre Jorge L. Chediek, representante residente de las Naciones Unidas en el Perú (ahora está en Brasil) y los investigadores del IIAP cuando recibí una llamada de Lima.
-El Dr. Mario Vargas Llosa quiere hablar urgente contigo-, me dijo mi esposa con un tono de apremio.
Casi automáticamente le contesté:
-Debe ser un error o alguien se está haciendo pasar por Mario Vargas Llosa. Hace cuarenta años que no cruzamos palabra con él-, le respondí incrédulo y de zopetón llegó a mi memoria esa llamada telefónica en la que me expresaba su felicitación, generosa y gentil, por unos poemas publicados en el suplemento dominical de “El Comercio” de un libro aún inédito y titulado El retorno de Axpikondiá sobre un mito fundacional de los indígena Tukano del Vaupés colombiano.
-No es un error. Me han dejado dos teléfonos y esperan tu llamada-, sonó casi imperativa la voz al otro lado de la línea.
Escuché que la secretaria que me contestó la llamada le decía: “Dr., tengo al teléfono al señor Róger Rumrrill”.
Su voz inconfundible exclamó al otro extremo de la línea:
-Róger, que alegría volver a escucharte después de tantos años. Siempre he estado leyendo cosas tuyas sobre la Amazonía y ahora tengo un gran interés en conversar contigo porque, como sabes, estoy escribiendo una novela sobre Roger Casement…-.
Tres días después retorné a Lima y fui, tal como habíamos acordado, a buscarle en su casa de Barranco.
-¿Has llegado fácil a la casa?-, me preguntó dándome un abrazo cálido al tiempo que llamaba a su esposa, Patricia Llosa, avisándole que yo acababa de llegar.
-Mario, llegar a tu casa es muy fácil. Porque hasta la calle se llama Mario Vargas Llosa-le respondí y el ahora Premio Nobel de Literatura del 2010 rió de buena gana, al tiempo que me invitaba a conversar en la terraza de su casa barranquina.
Lo tenía frente a mí y dos ideas me asaltaron. La primera fue recordar la descripción que el notable crítico literario peruano, Ricardo González Vigil, me hacía de la concentración que pone Mario Vargas Llosa en los ojos, en la mirada, cuando habla de literatura. “Se interesa tanto por el tema, que da la impresión que se va a tragar a su interlocutor con la mirada. Atrapa y devora todo. No se le escapa nada, ni el menor detalle”, me decía González Vigil.
La segunda idea fue aprovechar la ocasión para expresarle mi desacuerdo con su posición sobre los trágicos sucesos de Bagua de abril, mayo y junio del 2009 y la resistencia indígena frente a la política del perro del hortelano del presidente Alan García Pérez y su tesis de la utopía arcaica sobre la cosmovisión andino-amazónica formulada en su ensayo sobre José María Arguedas. Pero rápidamente pensé: “Este no es el momento y nos pasaríamos todo el tiempo discutiendo esos temas. Mejor hablamos sobre lo que a él le interesa”, me dije.
En efecto, lo que al autor de El sueño del celta le interesaba más que ninguno otro tema era hablar de Bejamín Saldaña Roca, el periodista que tuvo las agallas, el coraje y el atrevimiento de denunciar las tropelías de Julio C. Arana en el Putumayo en sus periódicos La Sanción y La Felpa en Iquitos de la primera década del siglo XX, de Roger Casement, el héroe irlandés de su novela y de tantos otros personajes y de la compleja, desmesurada y trágica realidad amazónica del ciclo del caucho. Sólo a los pocos segundos de haber iniciado nuestro diálogo me percaté que Mario Vargas Llosa había leído todo o casi todo sobre los sucesos del Putumayo y sus protagonistas. Con ese obsesivo rigor que le caracteriza para acopiar y acumular ingentes cantidades de información de toda naturaleza para la construcción de su universo narrativo, conocía los mínimos detalles de la historia del caucho y sus protagonistas.
Entonces, se me ocurrió darle algunas sorpresas. Porque, pensé, al mejor cazador se le va la paloma. “Y a este gran cazador literario creo que se le han ido algunas palomas amazónicas”, me dije asimismo.

Las presas que el cazador no había todavía cazado

-Entrevisté en los años sesentas del siglo XX en Iquitos a Miguel Loayza, hombre de confianza de Julio C. Arana y, como tal, confidente y cómplice de la violencia contra los indígenas de la familia etnolingüística Witoto, es decir los Andoque, Witoto, Ocaina y otros-, le dije.
-¿Has conocido y entrevistado a Miguel Loayza?-me interrogó asombrado.
Entonces le narré con lujo de detalles que en los sesentas del siglo XX, cuando acababa de cumplir 22 años, decidí entrevistar a todos los sobrevivientes del ciclo del caucho que vivían en Iquitos, pero también a los últimos testigos de la revolución del capitán Guillermo Cervantes Vásquez de 1921 y a los actores de otros ciclos económicos de la Amazonía. En una de mis pesquisas y exploraciones llegué al asilo de ancianos Chanteclair, que estaba ubicada en la circular, como se denominaba y aún se denomina a la carretera al lago Moronacocha. Revisando la lista de hospedados en el asilo, descubrí nada menos ni nada más que a Zacarías Valdez Lozano, el lugarteniente de otro de los barones del caucho, Carlos Fermín Fitzcarrald.
Miguel Loayza vivía en el distrito de Punchana, en una casa de dos pisos que casi era una copia de esas casas donde funcionaba la administración en los campamentos caucheros en La Chorrera en el río Igara Paraná y El Encanto, en la confluencia del Caraparaná con el río Izá, el nombre indígena del río Putumayo. Tenía 90 años de edad y estaba fuerte como un shihuahuaco. Era más alto que bajo y su apariencia, para la edad que tenía y para la vida que había llevado, denotaba buena salud que se traslucía en su piel blanca y rosada. “Parece un puca bufeo”, pensé apenas empezamos a conversar.
Dubitativo y receloso al principio (me preguntó a quemarropa quién era, a qué me dedicada y por qué le visitaba), luego entró en confianza y me contó el sistema de trabajo en las caucherías, las pugnas con los colombianos a quiénes Julio C. Arana había comprado sus posesiones o los había desalojado a la fuerza y sobre la violencia contra los indígenas. Cuando terminó la entrevista y me despedí, una idea preocupante revoloteaba en mi cabeza. ¿Por qué para Miguel Loayza y seguramente para Arana y sus carniceros, entre ellos Víctor Macedo, Miguel Flores, Armando Normand, Abelardo Agüero y Augusto Jiménez, todos ellos denunciados por el periodista Benjamín Saldaña Roca, la inhumana crueldad contra los indígenas era algo natural?.
Tan natural que en los años setentas del siglo XX todavía se vendían esclavos indios en la plaza de armas de Atalaya, en el río Tambo. Tan natural que aún ahora, en el año 2010, lo he visto con mis propios ojos, persiste el semiesclavismo en el Yurúa, en el Purús, en el Putumayo, en Madre de Dios.
Si antes la causa de este oprobio contra los indígenas fue el caucho, el oro blanco, ahora es la caoba, el oro rojo de la Amazonía, las pepitas de oro de los ríos Huaypetue, Colorado e Inambari. Y en el presente y en el futuro la causa será el agua, la energía, la biodiversidad y las tierras amazónicas en el nuevo ciclo de las materias primas cuando la Amazonía vuelve a tener, en el siglo XXI, la misma importancia estratégica o más que tuvo a fines del siglo XIX y principios del siglo XX para la economía mundial.
El egoísmo, la sed insaciable de riquezas, la acumulación sin límites de bienes materiales encallece la conciencia y la moral de los seres humanos en todas las épocas y sociedades.

El tesoro de Bodley

-Hay muy pocos datos sobre Benjamín Saldaña Roca. Sé que era de origen judío. Pero se sabe muy poco o nada sobre su vida después de las denuncias contra la Casa Arana y sus crímenes-, reflexionó el escritor.
-Es cierto, en los años sesentas del siglo XX había muy pocas personas que lo habían conocido. Uno de ellos fue don Alfonso Navarro Cáuper, que fue una especie de secretario del Dr. Jenaro Ernesto Herrera, miembro de la magistratura loretana, director del semanario Loreto Comercial, escritor y erudito y sin duda el más prominente intelectual amazónico de las primeras décadas del siglo XX. Pero quizás la mejor forma de conocer a Benjamín Saldaña Roca es leyendo La Sanción y La Felpa-, le dije.
-He leído las únicas ediciones que he encontrado en los archivos-, dijo con cierto tono de desencanto.
-Yo he leído casi todas las ediciones-, le dije provocadoramente y como quién no le da importancia al asunto.
Mario Vargas Llosa se sobresaltó en su asiento y mirándome con una fijeza abrumadora, me preguntó:
-¡Dónde!-
-En el archivo Bodley, en la Universidad de Oxford, en Inglaterra-, le contesté.
Mario Vargas Llosa estaba hecho un mar de curiosidad. Su mirada denotaba que sólo esperaba la historia del tesoro Bodley.
Esta historia empieza en los ochentas. En esa década fui invitado a Europa y parte del periplo incluía Londres y Oxford. Teniendo como guías al periodista peruano Javier Farje, que en ese tiempo trabajaba en la BBC y a Andrew Gray, un joven inglés que dedicó su vida al estudio y defensa de los pueblos indígenas en especial de Madre de Dios y que murió trágicamente ahogado en el Atlántico, llegué a Oxford. Allí fue donde Gray me habló por primera vez del famoso archivo Bodley, guardado bajo siete llaves en el sótano de la biblioteca de la Universidad.
Gray estaba escribiendo en esos días el ensayo titulado The Putumayo Atrocities Re-examined y había leído y revisado posiblemente las miles de páginas guardadas en 13 cajas. El archivo Bodley atesora con seguridad la mayor cantidad de originales de documentos confidenciales acopiados por diversas fuentes y entregados a la Sociedad Antiesclavista de Londres y cuya difusión, por razones humanitarias y también comerciales y geopolíticas, provocó sin duda el primer escándalo mundial de los tiempos modernos y con ello el derrumbe del imperio Arana en la Amazonía Peruana.
Porque no hay que olvidar, para entender a cabalidad el Informe Casement, el por qué de la vasta repercusión que tuvo en el contexto político, económico y geopolítico de Europa, Estados Unidos y América Latina y del resto del mundo. Las denuncias de las atrocidades cometidas en los campamentos caucheros de Arana en el Putumayo ayudaron de modo decisivo y eficaz a los intereses colombianos en la región. Veamos. El 6 de junio de 1906 el Perú y Colombia suscribieron un acuerdo de modus vivendi en la zona de conflicto del Caquetá y del Putumayo. Pero menos de un año después, en octubre de 1907, Bogotá comunicó a Lima el cese unilateral del acuerdo. El gobierno de Lima pidió a Julio C. Arana que ayudara con su gente a repeler una posible invasión colombiana. Hubo enfrentamientos en las localidades de La Unión y La Reserva.
Todo este diferendo fronterizo culminó con el Tratado Salomón-Lozano, negociado y firmado secretamente por Leguía en el año 1920 y ratificado por el Congreso peruano el 20 de diciembre de 1927 y rechazado por todo el país y en particular por la población amazónica peruana. El entreguismo del dictador del oncenio le costó al Perú la pérdida de 128 mil kilómetros cuadrados del Trapecio Amazónico. Estados Unidos jugó un rol fundamental en la formulación y ratificación del Tratado Salomón-Lozano.
Con este acuerdo zanjaba su deuda con Colombia por el territorio panameño. En octubre de 1903 el presidente estadounidense Theodore Roosevelt traza su estrategia. Establece dos medios para vencer la resistencia colombiana. En primer término, una secesión: si los habitantes del Istmo tienen materialmente interés en establecer el canal en su territorio pueden, por tanto, proclamar su independencia y establecer un trato con Estados Unidos. En segundo término, en el caso de que la secesión no tuviese lugar, se produciría la invasión del Istmo. El 10 de octubre de 1903 Roosevelt escribe: “Estaría encantado de ver a Panamá convertirse en un estado independiente”.
La feroz campaña británica contra Arana, legítima en términos humanitarios, estuvo siempre cargada de cinismo y de intereses políticos y económicos. El gran historiador de la república, Jorge Basadre escribe a este respecto: “Las atrocidades en el Putumayo fueron bochornosas, pero no representaron, por lo demás, un hecho histórico aislado ni pueden ser imputadas al Perú como un baldón exclusivo o singular. Basta recordar lo ocurrido en Irlanda, África del Sur, Australia y Jamaica para mencionar unos cuantos casos en el imperio británico donde tanto abundaron las protestas en aquella oportunidad, así como el sojuzgamiento de los pieles rojas en Estados Unidos, el otro país donde halló estentóreos ecos el escándalo”.
La caída de Julio C. Arana y con él de todo el sistema cauchero de la cuenca amazónica tenía una innegable importancia económica. El imperio británico había establecido plantaciones del Hevea brasiliensis en sus colonias de Asia, en Indonesia, Java y Sumatra, con 70 mil semillas hurtadas por el mayor biopirata del siglo XIX, el agente inglés Henry Alexander Wickham en 1876 en el río Tapajós, en Brasil. Cuando se desata el escándalo del Putumayo y la Peruvian Amazon Rubber Company colapsa, ya los ingleses tenían lista una oferta de caucho producido en sus plantaciones asiáticas suficiente para cubrir la demanda mundial. Esta oferta cauchera terminó por arruinar toda la economía de la cuenca amazónica, derrumbando estrepitosamente el efímero esplendor de Iquitos, Manaus y de Belém do Pará. Esta última ciudad amazónica brasileña llegó a tener la mayor flota fluvial del mundo para transportar caucho.
Por esta y otras razones, resulta ingenuo pensar que las denuncias de Casement, que parecen calcadas a la que hizo sobre el Congo belga, hayan tenido sólo fines humanitarios. También por estas y otras razones, tanto Julio C. Arana como Roger Casement, cada uno desde sus propios intereses personales o nacionales, desde sus propias conductas o inconductas, fueron también piezas de un tablero de ajedrez donde se movían las estrategias económicas y geopolíticas de un imperio declinante y de otro emergente.
Andrew Gray me ayudó a tramitar el permiso especial de la Universidad de Oxford y una vez obtenido el documento me sumergí durante una semana en el escenario de pesadilla del Putumayo de la primera década del siglo XX, el teatro de horror que ha servido a Mario Vargas Llosa para escribir el capítulo amazónico de El sueño del celta.
Los archivos son 13 cajas de Pandora. Porque como en la versión del mito griego del poeta Hesíodo, los documentos revelan todos los males y desgracias de los seres humanos. En este caso de los indígenas Witoto. Por supuesto que una de las cajas contiene todo el dossier Casement. Luego están los testimonios y las evidencias bajo el título Evidence 1913. Minutes of Evidence taken before the Select Committee on Putumayo Atrocities, 1912.
Les atrocités du Putumayo. Les explications du Pérou por el juge Rómulo Paredes, es otro documento. Paredes, el juez que viajó en reemplazo del juez Carlos A. Valcárcel al Putumayo en marzo de 1911 se refiere a la British Peruvian Amazon Company y en su informe afirma que las mayores atrocidades son cometidas por los ingleses, es decir, los capataces barbadenses. También sostiene que el cónsul inglés en Iquitos desde 1903, David Cazes, sabía de los crímenes cometidos en los campamentos caucheros de Arana.
Un Index and Digest of Evidence to the Report and Special Report
aporta testimonios de torturas y crímenes y otro titulado Select Committee on Putmayo Atrocities, 1912 agrega más pruebas. El archivo Bodley también guarda el famoso texto del norteamericano Walt Ernest Hardenburg The devil’s paradise. A catalogue of Crime y está dedicado al periodista Benjamín Saldaña Roca y al Dr. Darío A.Urmeneta. Hardenburg fue denunciado por Arana y personalidades de la política peruana de ese tiempo de ser un agente pagado por la cancillería colombiana para desprestigiar a Arana acusándolo de genocida.
En una de las 13 cajas está la correspondencia de la Peruvian Amazon de 1912 y 1913. En otra encontramos todas las cartas dirigidas a Walter Legge Comité Office House of Commons S.W. Otra de las cajas es el depósito de las cartas, memos y los contratos de trabajo. Uno de esos contratos es el suscrito entre J.C. Arana y hermanos, la razón social de la también llamada Casa Arana y Preston Johnson, de Barbados. El contrato establece un salario mensual de 5 libras esterlinas, más casa y alimentación en La Chorrera, además de medicinas gratis y pasaje de ida y vuelta a Iquitos. La fecha es del 25 de abril de 1908 y firma el contrato por The Peruvian Amazon Rubber Co. Ltd. el gerente general, Pablo Zumaeta, cuñado de Julio C. Arana.
Una de las cajas contiene la edición del diario El Comercio de Lima del miércoles 11 de setiembre de 1912 con un artículo titulado Los crímenes en el Putumayo. El Oriente, el decano de la prensa iquiteña, también informa al respecto en su edición del viernes 2 de diciembre de 1910. Está archivada asimismo la edición del diario La Prensa de Lima del lunes 25 de noviembre de 1912 que publica los artículos El Porvenir del Oriente Peruano, La despoblación de Loreto y sus causas y Un régimen inicuo donde el autor de las crónicas, Manuel Rivera Iglesias, señala que con el régimen esclavista del ciclo cauchero la población del Putumayo ha descendido de 61,125 habitantes a 45,000 pobladores.
En otra de las cajas están precisamente las ediciones de La Felpa del 1 de noviembre de 1907 y La Sanción del jueves 24 de setiembre de 1907.
-Pasado mañana me voy a Inglaterra invitado para dictar una conferencia en Oxford. Lo primero que haré luego de mi conferencia será ver el archivo Bodley-, expresó francamente emocionado Mario Vargas Llosa luego de escuchar mi versión del archivo Bodley.

El Socio de Dios

Creo que fue a mediados del año 1986 que recibí una llamada del cineasta y escritor cusqueño Federico García Hurtado pidiéndome una historia amazónica para su próxima película. Estaba decidido a no perder la continuidad creativa luego de su largo metraje Túpac Amaru (1984).
El tema amazónico que me pedía Federico García estaba hace tiempo en mi cabeza: Julio C. Arana, el Rey del Caucho. Había estado pensando además que para una película o una novela el título sería El socio de Dios, un título prestado al empresario norteamericano Roy Le Tourneau que, en los años cincuentas del siglo XX, se había instalado en el Ucayali con el sueño de conquistar la Amazonía con maquinaria y construir un imperio, el mismo sueño del multimillonario Henry Ford y su Forlandia en Brasil. Le Tourneau, que se hacía llamar El socio de Dios porque entregaba el 10 por ciento de sus utilidades a su iglesia, sucumbió lo mismo que Ford y otros que creen, como Francis Bacon (1561-1626), el llamado padre de la ciencia moderna, que a la naturaleza hay que someterla y conquistarla. Pero todos mueren en este intento porque con la naturaleza amazónica hay que coexistir y convivir armoniosamente como piensan y sienten los indígenas amazónicos.
El tema amazónico y el personaje Julio C. Arana entusiasmaron a Federico García. Me pidió que escribiera la sinopsis y luego juntos acordamos elaborar el guión técnico. Decidí entonces cumplir un antiguo reto, un viejo proyecto que había nacido en las interminables tertulias con Fernando Barcia García, descendiente de una poderosa familia cauchera de principios del siglo XX, político y dueño de un enciclopédico conocimiento de la historia y la vida de la Amazonía. Partí pues a realizar ese sueño: recorrer el Putumayo y sus afluentes del Igara Paraná, el Caraparaná y algunos de los campamentos donde, según la conclusión del Informe Casement, en 12 años de operaciones se habían extraído 4 mil toneladas métricas de caucho, con una utilidad de 1 millón 500 mil libras esterlinas y a un costo de 30 mil muertos indígenas.
Las referencias a los ríos Putumayo, Igara Paraná, Caraparaná y Caquetá y de los campamentos La Chorrera, El Encanto, Matanzas, Abisinia, Último Retiro y otros detalles de esa y otras travesías que efectué por el paraíso del diablo, de acuerdo al título de la novela de Walt Ernest Handerburg, desataron una profunda emoción en Mario Vargas Llosa.
-¡Qué maravilla que hayas conocido esos territorios!-, exclamó.
-Si organizamos un viaje al Putumayo, ¿tú me podrías acompañar?-, me preguntó eufórico.
-Por supuesto, Mario, con mucho gusto. Sólo me avisas con tiempo la fecha de la partida-, le contesté.
Tuvimos tiempo aún de elegir el mejor mes para el viaje. “Junio o julio, en pleno verano amazónico, son los mejores meses para viajar por la Amazonía”, le dije. Pensé también, aunque me guardé el secreto, que durante ese viaje le haría conocer (si es que ya no lo conocía), le mostraría la solicitud que Julio C. Arana del Águila le entregó a Augusto B. Leguía, el 5 de enero de 1921, demandando el título de propiedad definitiva del lote Putumayo, con una extensión de 5 millones, 774 mil hectáreas, en posesión por compra y por ocupación por más de 20 años.
El documento es, sino el único, uno de los pocos alegatos personales que se conocen de Julio C. Arana dirigidos al gobierno peruano. A lo largo de sus 44 páginas no hay ningún propósito de mea culpa por los errores cometidos. Todo lo contrario, reclama para él el mérito de defensor de la patria para lo cual-dice-formó un ejército privado de centenares de licenciados que contuvo los aprestos invasores de las fuerzas del general Rafael Reyes, presidente de Colombia y antiguo extractor de cascarilla en el Alto Putumayo. Muestra las cifras que invirtió en la compra de propiedades colombianas por insinuación del presidente Pardo para contener la invasión del territorio peruano, 1 millón 710 soles.
Informa detalladamente sobre la construcción de 604 kilómetros de vías de herradura y de 175 kilómetros de caminos para viandantes para interconectar el Putumayo y sus afluentes, la dotación de sus vapores Liberal y Cosmopolita para la defensa nacional y sus aportes a las rentas fiscales por derechos de exportación desde agosto de 1901 al 30 de enero de 1920 por un monto de 103,960,000 libras peruanas, además del pago a la aduana de Iquitos de 200,000 libras peruanas por los derechos de importación de bienes para sus campamentos caucheros por 792,389.355 libras peruanas.
El título de propiedad definitiva del lote Putumayo de 5 millones, 774 kilómetros cuadrados fue expedido por Resolución Suprema No. 103 del 12 de agosto de 1921. El inmenso territorio cuyos límites eran por el norte el río Caquetá, por el sur los ríos Tamboryacu, Algodón y Yaguas y por el este el río Yuris o Pupuñas y el oeste “montaña baldía” pasó a Colombia con la firma del Tratado Salomón-Lozano. En el año 1939 el gobierno colombiano acordó compensar a la familia Arana con 200 mil dólares por el bien perdido. En ese año desembolsó 40,000 y el año 1964 pagó el resto.
El viaje no se pudo realizar porque Mario Vargas Llosa tenía múltiples e impostergables compromisos, entre ellos, concluir en la fecha prevista El sueño del celta. Pero ahora que viajará a Estocolmo en diciembre de este año para recibir el Premio Nobel de Literatura del año 2010, con seguridad estará pensando en el Putumayo, en el paraíso del diablo, convertido, gracias a su enorme talento, en gloria literaria.

Lake Elsinore, California, 24 de noviembre del 2010.

sábado, 9 de febrero de 2008

“Los cuentos del viejo Oroma”

La amazonia tiene un defensor de vitalidad y eterna juventud en la persona de Roger Rumrrill: Escritor, poeta, periodista y narrador. Sin duda un hombre que lleva en las venas, pura savia de los arboles mas frondosos de nuestra selva.
En la amazonia peruana, nadie como el viejo Oroma para contar historias, nadie como este viejo sabio y bondadoso, amable y delicado de palabras, que sin demasiadas complicaciones, nos lleva por un mundo mágico y exuberante, con sus relatos que se desarrollan en pueblos y comunidades ubicados a las orillas de los ríos que conforman la gran cuenca amazónica।
Quien escucha al viejo Oroma, escucha las voces de los antepasados amazónicos.


Se cuenta que una vez, el viejo Oroma pasó tres días con sus noches, contando historias sin parar, comiendo juane de arroz cuando tenía hambre y tomando masato de yuca cuando tenía sed. ¿Pero? ¿De donde saca Oroma tantas historias?
Hay quienes dicen que lee mucho, otros que aprendió durante sus viajes y hay otros que dicen; que tiene un pacto con los espíritus del bosque।
¿Pero quien es Oroma? o mejor dicho ¿Quien es el creador de este singular personaje? pues nada menos que el señor Roger Rumrrill. Escritor, periodista y promotor cultural, nacido en la ciudad de Iquitos; con mas de 25 libros editados entre historia, ensayos, cuentos, poesía, guión cinematográfico, etc. Un hombre sabio que ha viajado por todas partes, un hombre lleno de inquietudes y habilidades creativas, un hombre que a mi parecer, tiene pactos con los espíritus del bosque.
Casualidad o no, lo cierto es que Oroma es Roger Rumrrill o Roger Rumrrill es Oroma y viceversa. Una persona apasionada con la selva y que se acerca a ella con una visión particular, con lucidez y mucho carácter.


Roger Rumrrill en el año 1963, junto a otros jóvenes intelectuales, dieron vida a todo un movimiento cultural llamado: Grupo “BUBINZANA”. Ellos revolucionaron su época con propuestas variadas y novedosas; cuando el grupo se separo, Roger continúo su trabajo en solitario y ha publicado diversos textos narrativos, poemas y ensayos, así como también, ha publicado junto a otros intelectuales, libros de investigación sobre diversos temas amazónicos. Actualmente es Presidente del Centro de Culturas Indígenas de Perú (CHIRAPAQ) y miembro de la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Video de los Pueblos Indígenas (CLACPI). Es además, especialista en temas de narcotráfico y subversión.
Roger Rumrrill es un artista de múltiples vidas y se nutre de la savia creativa de la madre selva; en uno de sus libros para niños, manifiesta su preocupación por lo que él llama: “El analfabetismo de la naturaleza”. Él nos explica: * “Quien no conoce el alfabeto para la lecto-escritura no esta condenado al infierno, pero quien no conoce el alfabeto del libro de la naturaleza quizás no podrá sobrevivir en el planeta Tierra en el futuro”.

Roger hace un llamado de alerta a través de sus escritos, sobre las repercusiones nefastas de ciertas acciones del hombre en contra de la naturaleza y el medio ambiente, no solo en la amazonia, sino, en todo el mundo. Me resulta triste comprobar que cada vez mas, los hombres de hoy, estamos tan acostumbrados al ruido mecánico y a la cultura tecnológica – audiovisual, que poco a poco, vamos perdiendo nuestras sensaciones y sentidos para con lo que la naturaleza nos ofrece. * “el costo de ese analfabetismo es inmenso y trágico. Por ello es vital que la educación vuelva los ojos a la naturaleza, el gran libro de la sabiduría y el desarrollo de la amazonia y de todo el país”

Roger desde sus inicios, demostraba su particular modo de defender sus intereses e ideales; en un párrafo publicado en su libro “Memorias de otoño” el dice: ** "... Descubrimos que el derecho es una palabra que los banqueros desterraron para siempre de nuestro diccionario; que los políticos ensucian sus zapatos con las páginas de cualquier constitución; que los gobiernos prometen sólo los mitos que los poetas inventan, que todo se envejece como las hojas que los niños esconden en sus viejos libros. Bueno, es hora de buscar la verdad, decía. Yo le seguía como un alucinado”

Los cuentos de Roger Rumrrill nos devuelven a la madre naturaleza como madre generosa, llena de encantos y secretos, así como de una sólida fuente inspiradora।
Había leído las historias de este escritor, hace muchos años, cuando era un niño. Recuerdo que un día cualquiera, mi padre llego con un libro de narraciones, dentro de ese libro estaba un cuento de titulo llamativo, “Chullachaqui”, aun me estremezco de susto con esa historia y me place contarla cada vez que tengo la oportunidad, desde ese entonces el nombre del autor me acompaño por todas partes; tuve la suerte de asistir a sus conferencias alguna vez y sobre todo, siempre leía sus artículos de investigación periodística, publicados en los diarios o sus ensayos sobre literatura amazónica en las revistas “Shupihui” y “Kanatari”; pero no fue sino hasta años mas tarde que tuve la suerte de conocerlo; fue durante la celebración de un homenaje al poeta Cesar Calvo Soriano, en las instalaciones del Centro Cultural España en Lima, aquel día estaba presentando un espectáculo unipersonal de teatro donde interpreto la historia de “Ino moxo”, un trabajo basado en el libro del poeta; fue al finalizar la presentación que se me acerco un señor de rostro amable, mirada profunda y serena, a quien creí reconocer de inmediato y que me fue confirmado al estrechar sus manos y escuchar su nombre Roger Rumrrill. Deben saber de la inmensa sensación de alegría al saludar una persona a quien admiro mucho; en lo personal Roger Rumrrill no solo es un referente importante dentro del mundo literario amazónico, sino que también, es una persona valiosa y valiente que ha dejado escuchar su voz en defensa de la amazonia, en todos los medios donde le ha sido posible. Una persona de valor incalculable, con un modo de vida que equilibra la ética con sus códigos de conducta, humilde, jovial, carismático, mágico y real a la vez; como lo es también su universo de pueblos, caseríos, selvas, ríos y quebradas, donde su vida transcurrió como un sueño। Luego de conocernos, he tenido la oportunidad de conversar con él en ciertas oportunidades, he compartido algún desayuno en su casa y alguna cena en la mía -obviamente con exquisiteces de nuestra tierra de por medio- estoy sumamente agradecido que un maestro como él, me haya abierto las puertas de su casa y compartido su tiempo; eso tiene mucho valor para mi, su casa es un calido lugar lleno de objetos de la amazonia, una biblioteca grande que es también el lugar donde escribe, cuadros de pintura de artistas de la región, pude reconocer trabajos de Samuel Coriat, Gino Ccecarelli, Nancy Dantas, Pablo Amaringo, Agustín Rivas y otros; en esos encuentros hemos conversado casi de todo: cuentos, música, danzas, cine, pintura, viajes, teatro (es dueño de una interesante y particular teoría teatral que el llama “El teatro boa”) también, me dio algunos de sus libros, unos regalados y otros prestados, que me dieron la oportunidad de acercarme mas a sus creaciones. Fue así que pude escoger una serie de relatos con los que decidí realizar un espectáculo de teatro y narración oral; son historias que me impresionaron fuertemente, entre las que escogí están:
“Las golondrinas” una bizarra historia sobre un acontecimiento real, sucedido en la ciudad de Iquitos y del cual he sido testigo, durante un tiempo nuestra ciudad fue invadida por miles de golondrinas, lo que dio lugar a muchas especulaciones entre la gente, hasta que desaparecieron sin mayor explicación. Durante mis viajes y visitando otros pueblos he podido comprobar que esta situación también sucedió en otros lugares.
“Tunum y Tunumba” es una hermosa leyenda que busca explicar el origen de una catarata que esta próxima a Chazuta, un pueblo ubicado en el bajo Huallaga।


“El tunchi de Terrabna” cuenta la historia de un personaje desaparecido en un pueblo de la selva, un hermoso y nostálgico relato. El tunchi es un personaje bastante reconocido y temido, tanto en la selva como en la ciudad, se dice que son espíritus que vagan por la tierra recogiendo sus pasos, visitando todos los lugares donde anduvo, como si se tratase de un regreso en la vida eterna de lo ya caminado en la vida terrenal.
“Ayaymamas” es una clásica leyenda que Roger compone de un modo entretenido; dos niños son abandonados en el bosque por una madrastra mala y ellos, estando perdidos, clamaban por su verdadera madre con gritos de dolor, fue entonces que la gran Madre Selva no soporto sus angustias y transformo a los niños en dos aves nocturnas, que son dueñas de un canto muy triste. Escuchar la ayaymama en las noches de selva, es algo que le pone a uno la piel de gallina.


“El cazador” es una historia real y le sucedió en la ciudad de Pucallpa a una estudiante francesa; durante una de nuestras conversaciones, Roger me confió que la misma joven le había contado su misteriosa historia. El relato nos narra, la manera en que un brujo que es a la vez cazador, decide atrapar por medio de rituales de ayahuasca, a una joven extranjera como si de un venado se tratase. Una mágica historia de seducción salvaje.
“Chullachaqui” esta historia como ya dije antes, es la historia que mas he disfrutado desde que era un niño, en ella Roger nos cuenta de un joven cazador que tiene la mala suerte de encontrarse con este duende de la selva, este trata de engañarlo simulando ser su hermano para llevarlo al medio del bosque y dejarlo perdido.



El “Chullachaqui” junto al “Tunchi” tal vez sean de los personajes mas reconocidos de la amazonia, Los “Chullachaquis” son pequeños hombrecitos que tienen una labor de protección y de eficiente distribución de los recursos de la flora y fauna de la madre naturaleza, cuando alguien abusa de la caza y de la tala indiscriminada, el “chulla chaqui” se aparece con lluvias fuertes y despliega todo su poder para evitar el dañó.
La experiencia de trabajar estas historias fue algo sumamente interesante, convoque a mi amigo Juan Luís Pereira, de “El Polen” para crear la música del espectáculo। Fruto de este proyecto ha sido también la concepción del audio CD con las historias musicalizadas y que se encuentra lista en su etapa de pre-producción pero aun pendiente de publicación, esperamos tenerlo listo este año, si los espíritus de la selva nos ayudan.


Para dejarlos con ganas de escuchar el CD aquí el cuento del “Chullachaqui” tiene un pequeño error justo al final pero el cuento se termina con un “…para siempre…” ¡Espero que lo disfruten!

* Roger Rumrrill ha publicado muchos libros, aquí he intentado realizar una lista de su producción:
Libros publicados:


- (2005) “Narcotráfico y violencia política en la amazona peruana: dos nuevas variables en la vieja historia de la selva alta y baja del Perú”.
- (2000) Amazonía mágica.
- (2000) Narraciones de la Amazonia.
- (1997) La anaconda del Samiria.
- (1996) Narradores de la selva. Antología.
- (1982) Amazonía hoy, crónicas de emergencia.
- (1992) El venado sagrado.
- (1984), Narcotráfico y violencia política en la Amazonía.
- (1983 – 1985) Vidas mágicas de tunchis y hechiceros.
- (1973) Reportaje a la Amazonía e Iquitos capital de la Amazonía peruana.
- (1975) Memorias desde un otoño.
- (1971) Magias y canciones.
- (1972) Axpikondiá.
- (1965) Poesía de selva.
* En colaboración:


- (2006) “Nanay: el país de los Iquito: modelo de gestión comunal de la biodiversidad Amazónica”. Walter H Wust, Natali Wust, Róger Rumrrill, IIAP.
- (2005) “Interview with Guillermo Arrevalo, a Ship
ibo Urban Shaman”.
Roger Rumrrill.
- (1995 y 2007) “Hablan los diablos Amazonía, coca y narcotráfico en el Perú”.
Hugo Cabieses, Baldomero Cáceres, Róger Rumrrill, Ricardo Soberón.
- (1995) “Pioneros de Loreto”. Fernando Barcía y Róger Rumrill.
- (1989) L'autre chaussure - El otro zapato. Alfonso La Torre, Roger Rumrrill, Lupe Sarmiento, Catherine Saintoul।
- (1986) “Yurimaguas: capital histórica de la amazonía peruana”. Róger
Rumrrill, Carlos Dávila Herrera, Fernando Barcia García.
- (1986) “Madre de Dios: el Perú desconocido”. Gustavo Vera Morales; Róger Rumrrill.
- (1984) “Amazonía peruana: guía general, economía, historia, cultura, turismo”.
Róger Rumrrill, María Luisa de la Rocha.
- “La región de la Amazonia y el impacto en la zona fronteriza Nor-Oriental”.
Roger Rumrrill, Felipe Portocarrero।
- (1981) “Acerca del Pacto amazónico”।M. Elena Medina P. y Róger Rumrrill.
- (1981) “La Alpaca, ese camélido desconocido”।Róger Rumrrill, Ángel Avendaño, C
arlos Dávila Herrera, Alpaca Perú EPS।
- (1976) “Los condenados de la selva: Amazonia y capitalismo”। Roger Rumrrill, Pierre de Zutter।
* (Extraído del libro “Narraciones Amazónicas”, publicado por editorial Bruño)


* (Extraído de “El discurso literario en el discurso histórico de la Amazonia Peruana” de Joaquín García Sánchez y publicado en la revista Kanatari) http://www.ceta.org.pe/confe.hatan
* (Haciendo click sobre el nombre de Juan Luís Pereira y “El Polen” podrás disfrutar de dos buenos videos)
* Las fotografías de Oroma son gentileza de José Luís Lazo
* La imagen del Chullachaqui es de una pintura mía titulada “Shapchico roba mujeres”

Algunos artículos de Roger Rumrrill en la Web.

http://www.comunidadandina.org/sociedad/ForoIndigena_jorge_rumrill.pdf
http://www.servindi.org/archivo/2006/1098


http://www।nuso.org/upload/articulos/1786_1.pdf


http://laniel.free.fr/INDEXES/BooksIndex/DiablosTDMPreface.htm#top