sábado, 24 de mayo de 2008

CUENTOS PUBLICADOS

SIETE MISTERIOS EN EL AMAZONAS Y OTROS CUENTOS…

Gracias a Hipocampo Editores, este año he podido sacar mis tres primeros libros de relatos, todos basados en cuentos, anécdotas y leyendas amazónicas.

“Sol y Luna” cuento inspirado en el drama de la mitología griega, “Ifigenia cruel” hermosamente recreado en los versos del poeta mexicano Alfonso Reyes en 1923.
Cuento que me permitió ganar el Tercer Premio del Festival Iberoamericano de Cuenteros en Bucaramanga – Colombia.

“El pequeño bestiario amazónico” las brujas, los duendes y los animales mágicos y gigantes mas populares de la amazonia peruana, en versos e ilustraciones simples y divertidos para todos los niños.

“Siete misterios en el amazonas” Siete extrañas y divertidas historias, acontecidas en la ciudad de Iquitos y otros lugares de la selva. Algunos títulos son: “La sachamama del Alcalde” “El tunchi borracho”, “Runa mula”, “El hundimiento de la antigua Caballo Cocha”, etc.
http://www.hipocampoeditores.com/rafo/rafo.html

Puedes encontrar los tres libros en:
Librería El Virrey, Jr. Dasso 141, San Isidro.
Librería Comentarios, Jr. Ica 144, Cercado
O llamando a los teléfonos: T. 473 1946 / 9116 4334 – Hipocampo Editores.
Pronto en otros puntos de venta

Como obsequio a todos aquellos lectores de este blog, les dejo este divertido cuento popular y publicado en el libro de “Siete misterios…”, espero lo disfruten.

“Siete misterios que internan al lector a un universo de mágica invención y acertada trama realista. La principal intención de Rafo Díaz es contar historias con la naturalidad propia del narrador oral, que explora en la memoria de otros, en la voz popular y en el hecho cotidiano, el suceso trascendente que la tradición o la costumbre han resuelto como leyenda o mito, finalmente un relato que en la noches calidas y silenciosas los ancianos de la aldea gustan transmitir a los pequeños en el portal de la casa. Un mundo extraviado en algún resquicio de la memoria y que, en este caso, nos adentra a personajes, hechos y naturaleza singular de la maravillosa y exuberante Amazonia Peruana”.
Teofilo Gutiérrez

Relato 2/Rafo Díaz
EL TUNCHI BORRACHO

Antes del amanecer, don Ramiro Tanchiva salió como de costumbre de su casa ubicada en el barrio Belén de la ciudad de Iquitos. Se dirigía a la panadería donde recogía pan para vender, pues tenía varios hijos y estaba obligado a trabajar mucho toda la semana. La panadería se encontraba cercana al cementerio principal y él se levantaba muy temprano para poder terminar la jornada aproximadamente a las ocho de la mañana; durante ese lapso de tiempo, tenía la oportunidad de detenerse unos minutos para conversar y comentar con uno que otro cliente sobre las noticias del día.

Lejos de allí, “Timoshenco”, un policía integrante de la delegación de Morona Cocha, también se alistaba para irse. En realidad, este policía se llamaba Timoteo pero en la amazonía peruana existe la costumbre entre la gente de modificar el nombre de la familia y el de los amigos más cercanos; así, por ejemplo, a Samuel le dicen “Shamuco” y a Santiago “Shanti”. Al guardia “Timoshenco” se le conocía por aquel nombre desde la edad de la adolescencia y no le molestaba. Ese día tenía la tarea, acompañado de otro guardia, de patrullar a pie la zona del cementerio y las calles aledañas.

Después de recoger el pan, don Ramiro seguía la ruta cotidiana grabada en su cabeza y que le indicaba preferentemente los sitios donde había una mayor cantidad de compradores. Dicho recorrido le tomaba aproximadamente unas tres horas. Cuando terminó de acomodar los panes dentro de un saco, salió a la calle para empezar a vender, anunciando a todo pulmón el producto:

- ¡Panes! ¡Panes calientitos! ¡Panes…!

Y así, don Ramiro, tomaba la habitual ruta de su jornada de trabajo.

En ese preciso instante, el guardia “Timoshenco” y su compañero también salían a la calle, luego de tomar sendas tazas de café bastante amargo para mantenerse más alertas. Los policías caminaron calmadamente hasta llegar a la zona donde deberían cumplir su misión. Al llegar a una esquina cercana al cementerio, decidieron patrullar por separado y acordaron llamarse soplando los silbatos si es que ocurriera algún incidente.

Don Ramiro, mientras tanto, ya había logrado vender algunos de sus panes y estaba en una esquina de la calle Libertad, desde donde empieza la fachada principal del cementerio de Iquitos; dejó algunos panes en la casa de un cliente y luego cruzó la calle para caminar por la vereda del cementerio que, como todo camposanto a esas horas de la madrugada, se tornaba en un ambiente oscuro y tenebroso. Pasar por el cementerio era una rutina para don Ramiro, pero… pocas veces se atrevía a caminar por sus veredas a esas horas. Ese día le resultó inevitable hacerlo. Para aplacar un poco su temor decidió seguir ofreciendo sus panes a viva voz:

- ¡Panes, panes…! ¡Calientitos…! ¡Panes…!

Don Ramiro no había terminado de anunciar sus panes cuando una voz cavernosa le respondió desde dentro del cementerio.

- ¡Traaaaae…!

Don Ramiro se quedó paralizado de miedo al escuchar esa voz. Cuando pudo reaccionar quiso volver a comprobar si lo que había escuchado era cierto, preparó su garganta para ofrecer sus panes otra vez y nuevamente gritó fuerte:

- ¡Panes…panes…! ¡Calientitos panes…!
- ¡Traaaaae…!

La extraña voz volvió a responderle. Don Ramiro, horrorizado y pensando que se trataba de un alma en pena, escapó despavorido hacia la esquina de la calle Ramón Castilla y allí se encontró con el guardia "Timoshenco", que al verlo asustado, le preguntó qué le sucedía. El pobre don Ramiro, agitado y asustado, se detuvo y luego de recuperar un poco el aliento, le comentó al guardia lo que había ocurrido en el cementerio. “Timoshenco”, al escuchar la historia del vendedor de panes, le dijo que lo llevara hasta allí para saber lo que sucedía exactamente. Don Ramiro, al principio se negó, pero “Timoshenco” lo convenció diciéndole que llamaría al otro policía para que los acompañe. Don Ramiro aceptó y “Timoshenco” hizo sonar su silbato tres veces. A los pocos minutos llegaba su compañero de turno. Se dirigieron al cementerio. Al llegar allí, “Timoshenco” le pidió a don Ramiro que ofreciera nuevamente sus panes para ver qué ocurría.

Don Ramiro nervioso se aclaro la garganta y volvió a gritar:

- ¡Panes…! ¡Panes…! ¡Calientitos panes…!

La voz grave y cavernosa solicitó fuertemente:

- ¡Trae carajo…!

Al escuchar esto los policías “Timoshenco” y su compañero entraron al cementerio, empezaron a buscar de donde provenía aquella voz y a los pocos minutos encontraron a un viejo borrachín, que estaba en preparativos para dormir en uno de los nichos vacíos del cementerio. El guardia “Timoshenco” y su compañero soltaron tremendas carcajadas. Don Ramiro respiró aliviado porque finalmente no había sido un “tunchi” quien lo había asustado. Los guardias se llevaron preso al borrachito mientras que don Ramiro continúo su jornada contándoles a todos sus clientes el singular inicio de trabajo de aquella madrugada.

1 comentario:

  1. he descubierto tu blog y me parece estupendooooooooooo
    una cajita de sorpresas
    un saludo desde santiago de compostela
    alinita

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