En muchos lugares del mundo como en Latinoamérica, “contar cuentos” o ser “cuentero” tiene el
mismo significado que contar un chiste, decir una mentira o realizar una broma
a alguien.
“no me cuentes cuentos”, “me estas metiendo cuentos”, “pucha
que ese político es bien cuenta cuentos”. Podríamos combinar más frases, pero,
lo que a mí me interesa ahora es intentar descifrar la línea que separa el acto
de contar chistes con el acto de contar una historia.
En el diccionario de la Real Academia; un chiste es una
ocurrencia graciosa. Puede tratarse de una expresión espontánea o de un dicho o
historieta breve que contiene algo que mueve a risa. La intención del chiste es
hacer reír al oyente o receptor. Su principal objetivo, por lo tanto, es la
comicidad, aunque hay chistes con connotaciones políticas y sociales que
enmascaran una crítica.
Un cuento, es una narración breve que es creación o ficción
de uno o varios autores, basada en hechos reales o ficticios, inspirada o no en
anteriores escritos o leyendas, cuya trama es protagonizada por un grupo
reducido de personajes, y que tiene un argumento relativamente sencillo y por
tanto fácil de entender.
Durante mi experiencia narrando cuentos en diversos lugares
del mundo, he podido observar rutinas de presentación –incluyendo las mías- en
la que las historias ceden su punto de importancia al humor, al gag o a la
comedia. Recursos totalmente válidos y que funcionan casi siempre. Pero, he aquí
los dilemas en forma de interrogantes:
Necesito realmente
hacer reír al público para sentir que estoy contando una buena historia?
Soy capaz de lograr
otras emociones en mi público que no tengan que ver directamente con la risa?
El público reaccionara
bien a mi propuesta dramática o terrorífica, sin sentirme culpable después?
Cuál es la línea que
separa mi acto de contar una historia con el stand up y la improvisación escénica?
Quiero ser narrador de historias o humorista?
Pienso que la pregunta final es la clave para todas las
otras interrogantes. Creo que si alguien construye un imaginario con historias
jocosas e improvisando sobre la marcha con la intención única de hacer reír, debería
convertirse en un humorista y buscar su espacio.
Un narrador de cuentos, en mi opinión
personal, aun cuando en algunas de sus historias no esté ausente el humor, el
narrador de historias debe centrarse en el acto de “contar la historia” como único
objetivo, así como también, soy consciente de la importancia de explorar todos
los formatos narrativos existentes, intentando ser siempre original al momento
de la performance de “contar” y sabiéndose capaz de poder ofrecer a su público,
placeres y emociones diversas por el pago de una sola entrada.
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