jueves, 30 de junio de 2011

EL LIBRO AMIGO



Luego de terminada la temporada de cuentos “A la sombra del Baobab”, he dado inicio al proyecto de iniciativa personal “El libro amigo”. Una actividad que incluye el tema de la narración de cuentos y la animación a la lectura. Lo más difícil de este trabajo, como en muchos lugares del mundo, es el acceso a los libros por el alto precio que tienen. Por esta razón, la actividad se ha diseñado para realizar la entrega de un cierto número de libros en cada actividad.

Los locales que hemos escogido son escuelas en barrios populares y orfanatos. La primera y fascinante actividad la desarrollamos con los mas de 300 niños huérfanos de la Casa de Gaiato en Boane; a una hora y media en las afueras de Maputo. Una actividad que fue posible gracias al apoyo de Leen e Inge, quienes se sumaron a mi iniciativa de trabajo. Un esfuerzo conjunto que se vio compensado en las primeras sonrisas de esos niños. Sin darnos cuenta del tiempo, estuvimos cerca de dos horas cantando, contando y jugando.
Les comparto unas imágenes que hablan por si mismas.

miércoles, 4 de mayo de 2011

A LA SOMBRA DEL BAOBAB


Conmovedor cierre de la II Feria de libro de Maputo; con la presentación de nuestro show, “A LA SOMBRA DEL BAOBAB”. Con un público bastante calido y entregado, con quienes pudimos compartir, la alegría de estar allí, con la música de Luka y su grupo; y con mis historias. En una tarde fresca de abril, se ha dado la campanada oficial que inicia nuestra temporada en este mes de Mayo.

Siguiente estación:

CENA LOCA.
Sábado 07 de Mayo.
18h30.
Valor de entrada.

200mt.


Luego de algunos meses de trabajo junto al músico Luka Mukhavele, por fin tuvimos la oportunidad de probar la primera fase de nuestro proyecto en el Instituto Cultural Mozambique – Alemania de Maputo। Con una gran afluencia de público y con entradas agotadas horas antes de la presentación, lo que obviamente nos hace sentir contentos y comprometidos, para terminar de afianzar el trabajo y tenerlo en su punto para la temporada del mes de Mayo।

El proyecto contempla la creación y adaptación de poemas y cuentos, para ser musicalizados con instrumentos tradicionales y modernos। Instrumentos tradicionales como la mbira, el xitende, la xigovia, la marimba, el batuke, junto al ritmo de una batería, bajo eléctrico, trompeta, guitarras y violín.

Los cuentos elegidos fueron:

- “Los espíritus sagrados y el baobab” (cuento popular adaptado para mi nuevo libro “El corazón enamorado del Baobab” y que será publicado proximamente por la Escuela Portuguesa de Maputo).
- “La liebre y los espíritus sagrados” (Cuento popular )
- “La boda de la hija del león” (Cuento popular de la Zambezia).
- “El mar de Maputo” (Cuento popular adaptado para mi libro “O mar de Maputo” y editado por la Embajada de España en Maputo.

Los cuentos y poemas que he creado con ocasión del espectáculo e inspirados en las canciones de Luka Mukhavele son:

- Angelina. (Cuento corto, inspirado en la historia de un jefe tribal de la provincia de Gaza)
- Kufa Kuetlela. (Poema inspirado en una frase popular del sur de Mozambique que tiene, mas o menos, el mismo significado que para nosotros “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”
- Jigijaga. (Poema, sobre la esclavitud en África, que aun no termina y continúa siendo un grave problema).
- Ndhuma. (Cuento corto que narra la relación entre los pastores y sus jefes en los valles, campos y montanas).
- Hondo. (Poema; las guerras en África no se acaban, intereses diversos, nuevas maneras de colonización y de abusos).

Un programa bastante variado y con el que humildemente pretendemos meternos en la agenda cultural semana durante el mes de Mayo en la ciudad Maputo.

miércoles, 13 de abril de 2011

LA ESCUELA DE JACINTO

Son las 7: 30 de la mañana y la escuela primaria del pueblo joven “Las Malvinas” tiene sus días contados, pues, esta a punto de cerrarse por falta de infraestructura. Pero, como eso todavía no se ha decidido, todos los días empieza a funcionar muy temprano, los niños van llegando alborotados y felices. Aunque no todos llegan igual, algunos vienen muy tristes, con los ojos enrojecidos por el llanto, es que sus padres por algún motivo tuvieron una discusión y se pelearon. Pero, eso no acaba con la alegría de la escuela, ella persiste a pesar de sus miserias en servir a los niños... no importa si partes de las paredes se desprendan a pedazos, tampoco importa lo despintado y derruido que sea su aspecto, la escuela sonríe e intenta ser feliz.



Alguien deja escuchar el sonido de una vieja campana, el ruido que esta produce, es tan agudo, que hacen vibrar la frágil estructura de la escuela. Aunque esto es tan solo el anuncio de un ruido mucho más ensordecedor, los niños gritan, como si el sonido de la campana fuese un punto de excitación. Hoy es lunes y los niños deben formar obligatoriamente para recibir las pautas disciplinarias de toda la semana, luego, pasan a las aulas y desarrollan sus clases hasta el mediodía.


Esta mañana, la profesora le dijo a Jacinto, quien es uno de los tantos niños que estudian en la escuela, que entre sus papeles, no encontró su partida de nacimiento y le advirtió que lo podrían retirar, si sus padres, no lo hicieran presente। Jacinto tiene 6 años, el pelo lacio, la piel morena, los ojos grandes... y sobre todo..., es muy inquieto... habla hasta por los codos... Él acude a la escuela con su uniforme gastado y sus cuadernos deshojados। Muchos de sus compañeros se ríen de lo viejo y arrugado que tiene sus cuadernos y le dicen.

- Jacinto, ¿porque no le dices a tu papá que ya no tienes cuadernos y te compre otros? - No tiene plata... me ha dicho que escriba aquí no mas...
Una ráfaga de viento, obligo a Jacinto a sostener mas fuerte su arrugado cuaderno, se acercaba una lluvia y debían colocarse hacia el lado derecho de la pared para no mojarse. Sucedió que una tarde, el viento fuerte se había llevado una parte del techo de la escuela. Como estaban en plena campaña política, un candidato que había pasado por allí, prometió mandarla a reparar si ganaba las elecciones. Por esa razón, la escuela estaba llena de símbolos políticos que se confundían con los inocentes dibujos de los niños.

Esta es una escuela totalmente descuidada, sin puertas de entrada, pues, se lo han robado todo. Si algún alumno o profesor tiene alguna necesidad fisiológica, va hacia los gramalotes; y ocultándose entre las largas y tupidas hojas, satisfacen su inmediata necesidad. Lo cual después de todo, no es tan malo, porque, estas después de cierto tiempo al sol, sirven como abono para las plantas y estas, crecen fuertes y hermosas con tan curiosa ayuda.

Al llegar el medio día y una vez que él ultimo niño se despide, la escuela pierde su alegría y se transforma en un fantasma local. Aquel día, cuando Jacinto regreso a su casa, lo primero que hizo fue comunicarle a su madre de la advertencia de la profesora. La mamá de jacinto, escucho atenta y le aseguro al niño que hablaría con su padre esa misma tarde. Cuando ya casi estaba anocheciendo, el padre de Jacinto regresó, pero, estaba tan borracho que apenas podía sostenerse en pie. Trastabillando llego hasta la cocina, acomodándose como podía en una de las sillas, pidió algo de comer, luego puso sus brazos encima de la mesa y se quedo dormido. La madre de Jacinto, le dijo entonces al niño que seria mejor esperar al día siguiente y que ella se encargaría de contarle a su padre del dichoso problema en la escuela. Al siguiente día, muy temprano, Jacinto alimentaba los chanchos, era su obligación y disfrutaba de hacerlo. En ese momento se le acerco su padre y le dijo.

- En algo se parecen ustedes, ninguno tiene documentos que acrediten que son míos... y eso es un problema... ahorita mismo voy a ir donde un abogado para saber que hacer con estos animales... Porque tu tío me los quiere quitar, ¡Carajo...! Y quien le pidió que trajera sus animales tan chiquitos para mi casa! Y... claro, ahora que los ve grandes y gordos se los quiere llevar. Tu tío esta loco si cree eso... yo no se lo voy a permitir. Así es que primero tengo que arreglar ese problema...

- Papa, ¿y yo? ¿Mis documentos...? La profesora me ha dicho que si no presentamos esos papeles no podré seguir en la escuela. - Tu todavía puedes esperar... las clases recién empiezan. Tu tío no te quiere a ti, quiere a los chanchos, y para mí, eso es más importante ahora... ¡Qué la escuela espere...!
Luego de decir esto, el padre de Jacinto se fue para buscar una manera legal de quedarse con los chanchos. Jacinto se quedo junto a la mesa con lágrimas en los ojos. Al llegar la tarde su padre regreso, traía consigo una gran preocupación, pues, no había hallado la manera de acreditar que esos animales le pertenecían. Nadie se atrevió a acercársele, ni Jacinto, ni su madre. El hombre estaba visiblemente enojado.

Por las tardes, el viento agita los techos desclavados de la escuela, el calor y la soledad del lugar hacen que una especie de sensación triste y agobiante se apodere de su atmósfera. Es que pierde el aliento de vida que le contagian los niños.
Sábados y domingos, la escuela es un edificio agonizante y hasta él mas duro de los visitantes se conmovería al verla. Pero; aquella tarde de la última semana de abril, seria especial. Jacinto vino solo y se metió a su aula, entonces empezó a conversar con las paredes de la escuela. Muy triste, confesaba que no tener su partida de nacimiento le parecía mal y que además, sentiría mucha vergüenza, de contarle a la profesora que su papá le daba prioridad a sus chanchos antes que a él.

- Yo no sabia que era importante la partida de nacimiento, la profesora me dijo que todos, tanto niños como adultos, tenemos nuestra partida de nacimiento. Yo creía que todas las mamitas, sacaban a sus hijitos de sus barrigas, con un papelito en donde esta el nombre que diosito escogía...Pero la profesora me ha dicho que probablemente mis papis se olvidaron de inscribirme en la municipalidad.

Paso ese fin de semana y Jacinto no volvió a la escuela, la profesora y los compañeros de clase empezaron a echarlo de menos, les hacia mucha falta su inocencia y espontaneidad. Al llegar el lunes de la semana siguiente, la profesora espero con ansiedad y Jacinto nunca llego. Entonces decidió preguntar por él, envió una comisión voluntaria de alumnos para ir a la casa del niño y saber que le había sucedido. Luego de media hora, los niños de la comisión regresaron, entonces le dijeron a la maestra, que Jacinto ya no estudiaría, que ahora se encontraba trabajando porque su padre había vendido los chanchos antes de que su hermano reclame por ellos, que, con el dinero que obtuvo de la venta se había ido de la casa, dejando a Jacinto y a su madre en una situación muy difícil. Por ese motivo, ahora Jacinto se dedicaba a vender “curichis” que hacia una vecina, en tanto que su madre lavaba ropas para ganarse el pan, con el cual poder subsistir. La profesora agradeció a los niños de la comisión la información y prometió ir a la casa de Jacinto.

Llego el fin de semana y era para la maestra, el mas triste fin de semana, se le hacia difícil ubicar al niño en ese problema. Jacinto, entretanto, aprovechaba los fines de semana para visitar la escuela, aprovechando sus andanzas vendiendo “curichis”, miraba alrededor en silencio y luego hablaba. Decía que extrañaba la escuela, que lo echaba mucho de menos…

- Ahora pues me dedico a trabajar para ayudar a mi mama. El otro día fui con ella a la municipalidad para registrarme, el señor que atendía nos dijo que no podíamos hacerlo, que tenia que ir mi papá. Mi mama insistió, le dijo al señor que era imposible que mi papá se presentara, que me dejara registrar así no más...

Al parecer los esfuerzos de su madre por convencer al tipo fueron vanos. Este no les hizo caso haciéndose el distraído y pues ni modo, tuvieron que regresar a casa, sin el bendito papel. Jacinto continuaba:

- Mi mama no se quiere dar por vencida, ayer volvimos al municipio y esta vez, mi mama le contó al señor, de la oficina de registros, que mi papa nos había abandonado; pero éste no quería saber nada, se empecinaba en decir que aunque así fuera, él debía estar presente y si ahora, él sé había “dado a la fuga”, entonces debíamos denunciarlo y hacerle un juicio. Mi mama lloro, diciéndole que nosotros no teníamos plata para hacer eso y que no sabia como hacerlo, que lo único que queríamos era el papel para que yo pueda seguir estudiando... Pero el hombre le contesto, que ese no era su problema y que lo sentía mucho...
Jacinto se preguntaba:

- Será posible que yo pueda estudiar sin la partida de nacimiento. Mi mama me dijo que ella lo arreglaría todo...y yo le creo a mi mama...

Hizo una breve pausa y se volvió a preguntar:

- ¿Que será darse a la fuga...?
Así pasaron dos meses y el problema continuaba. Jacinto iba siempre a la escuela y le contaba todo a las paredes. Un día, les contó que ya entendía, lo que quería decir “darse a la fuga”, que su mama se lo había explicado y que se había puesto muy triste por eso.

Hasta que un día, Jacinto llego corriendo a la escuela, muy emocionado, entró al aula que siempre visitaba y le contó a las paredes que ya tenía sus documentos, que regresaría a estudiar. Todo había sido posible gracias a la intervención de la profesora, quien no tardo en llegar a la escuela, junto con la madre de jacinto. Venían con el documento para hacer el respectivo registro, aunque era fin de semana, la maestra quería que el niño pudiese volver ese mismo lunes. La maestra en el camino había comprado una gaseosa y unas galletas, para celebrar con el niño y su madre, el gran triunfo. Fue entonces, que la profesora pregunto a la madre del niño, si sabia algo de su marido. La mujer respondió con un tono de rencor y resignación.

- Por ahí debe andar señorita..., alimentando otros chanchos como él. La profesora miro a Jacinto y también le pregunto.

- ¿Quieres mucho a tu padre verdad Jacinto? ¿Te gustaban esos animales?
- Si profesora, hasta envidio esos chanchitos porque mi papa los prefirió a ellos… Luego de decir esto, Jacinto volvió su mirada hacia donde estaba su madre y le guiño el ojo en señal de complicidad. En ese momento, la madre de Jacinto rompió a llorar y el niño haciéndole cosquillas le pidió.
- No llores mamita...yo no me voy a ir de tu lado...Yo nunca me voy a dar a la fuga...

FIN



* "Curichis" helados tipicos de Iquitos, hechos de fruta y agua.

martes, 4 de enero de 2011

LA SARITA: Peruanamente rockeros

Hace unos años atrás, tuve la oportunidad de ser invitado a un evento, que se realizaba en el gran parque de Lima. Yo había sido convocado para contar historias y luego, se presentarían diversas bandas de rock de nuestra capital. Recuerdo que luego de terminar mi participación, me senté junto con Mónica, enfrente del gran anfiteatro del parque, unos minutos después, el escenario se fue llenando de humo y entre nubes coloridas, se dejaba visualizar una pequeña tienda, hecha con cartones, paja y plástico, tenia también, una bandera peruana ubicada en la parte alta. La imagen era una clara representación de las invasiones habitacionales, en los arenales de Lima.



Una potente voz empezó a cantar en simultaneo con una percusión, a esa voz, fueron sumándose charangos, zampoñas, guitarras eléctricas y arpas; para ir construyendo, una estructura musical, en completa armonía con la puesta en escena. Una puesta en escena "peruanamente rockera", que me puso la piel de gallina, me lleno de emoción y cuyo delirio aun me dura. Provinciano III, es para mí, una canción “quasi droga” que necesito experimentar, cada vez que puedo, escuchándolo en vivo, durante mis esporádicas visitas a Lima.

Como si de repente se alumbrase la muerte
como para animar la pesadez de mi suerte
vienen a mi memoria tantos mudos recuerdos
viejos momentos que encierran toda la verdad।
Vine a la capital cuando era sólo un chibolo

mi padre nos trajo dejándolo todo
hicimos nuestra choza en medio del arenal
y desde pequeño tuve que ir a chambear।
Fui perdiendo el color rosado de mis mejillas

poco a poquito se pudrió la semilla
el cóndor que volaba sobre mi corazón
en gallinazo se transformó।

La Sarita, es de esos grupos que son capaces de llevarte de la euforia al delirio en poco minutos durante sus conciertos.
Como grupo; a “La Sarita” se les ve cohesionados y en muy buena sintonía en el escenario. Julio Pérez encuentra a su socio perfecto, en la rítmica guitarra de Martín Choy. Ambos son el corazón de esta “Sarita”: coqueta, seductora y eficazmente salvaje. Analogía musical del perfecto rock.



Siempre es algo especial ver las puestas en escena que los grupos de rock preparan antes de cada presentación: pirotecnia, luces, humo seco, agua, pantallas gigantes y un sinnúmero de otros artilugios con que los grupos intentan seducir a su audiencia.

Lo simpático de las puestas en escena de “La Sarita”, es que, uno tiene la impresión, de que, realizar todo el montaje de sus espectaculos, les resulta algo espontáneo, simple e improvisado. Mascaras, tiendas de campaña, cruces y representaciones de huacas, se suman a la presencia de los danzantes de tijeras, quienes despliegan una fuerte energía en escena, al ritmo de violines, arpas y baterías; dando como resultado, una tormenta sonora y visual que no necesita de pirotecnias ni de pantallas gigantes para motivar a bailar, y si es posible, animarte a intentar ya ebrio de cerveza y de música, algunas de las piruetas que se muestran en el escenario.

La figura histriónica de Julio Pérez parece levitar encima del escenario, su expresión corporal le otorga vida propia al uso de las mascaras, sus movimientos son enérgicos y felinos, me hace recordar a Mick Jagger o a Iggy Pop, ambos de baile frenético, entregado, fuerte y catártico.



"La Sarita" se define así: "Somos de un Perú que mantiene, adapta, y fusiona sus innumerables tradiciones locales y regionales। Somos del Perú de la devoción a las santas y beatas no oficiales, como Sarita colonia, a quien debemos nuestro nombre। Somos testigos de un cambio de piel irreversible, hijos de una cultura urbana emergente producto de las conquistas populares. Somos imagen del nuevo rostro que asoma, de la nueva voz que canta. Somos el rock del nuevo Perú".

El primer disco de "La Sarita" llevaba el título de "Mas poder", la fuerza musical de este disco, esta sostenido, por ese curioso placer de hacer rock, en la creencia absoluta de la libertad para fusionar, para decir lo que se piensa; con rabia, con lenguaje vibrante, directo y emotivo. En este disco, el discurso de "La Sarita" se muestra distante de los maquillajes musicales frívolos, en una clara apuesta por el discurso sincero, sin pensar en el éxito comercial. “Simeón”, es una canción que nos cuenta la historia, de uno de esos miles de peruanos que fueron víctimas inocentes de la guerra vivida en los años ochenta y noventa.



Mi nombre Simeón, soy agricultor,
son más de tres años que llevo encerrado en esta prisión,
me acusan de ser, terruco feroz,
un arrepentido por vengarse me incriminó.
Loco, estás loco.
Ahora entiendo cuál fue mi delito,
mi delito es haber nacido en la pobreza
¡Oh señor! ¡Exijo una explicación!


Bajo esta misma premisa están también: "China Hereje", "Globalízate", "¿Qué pasa?". Aunque sin duda alguna, la vedette es la canción: “Mas poder” y cuyo título, da nombre al disco.



En los estudios siempre el primero,
todos morían por mis cuadernos,
yo los prestaba a quien elegía,
ese debía darme pleitesía,
grande era mi contento al ver sus lenguas,
lamiéndome el trasero, enorme era mi alegría,
eso me daba mucho placer.
Y aluciné que tenia poder y más poder,
aluciné que tenía poder.


Cada una de estas primeras canciones de "La Sarita", nos abren diversas ventanas, para asistir a una forma de manifestar el sentimiento, de esos millones de peruanos, que somos el resultado de esa mixtura, que el genial José María Arguedas acertó en llamar: "De todas las sangres". Luego de este primer disco vendría "Danza la raza". Un disco que continuaba con la línea del primero y con canciones que resultaron un gran éxito mediático como: “Guachimán” (la favorita de mi hija de ocho años), “Nos quieren gobernar” y la versión rockera de “Cariñito”.




Escucha peruano, escucha papá,
en nuestra cultura algo anda mal,
el que es más pendejo, ése va a triunfar,
por que eso es muy normal.
Nos quieren gobernar, y aquí lo que nos falta
es ética y moral.


Luego de aquella primera vez, en que vi a "La Sarita" en el Gran Parque de Lima, no volví a saber de ellos durante algunos años, tiempo en el que estuvieron ocupados viajando por Colombia, Venezuela, Brasil, Ecuador y Finlandia; compartiendo escenario junto a bandas tan notables como Molotov, Todos Tus Muertos, Manu Chao, A.N.I.M.A.L y muchos otros. Pero, volví a tener la oportunidad de encontrarlos y compartir escenario, durante la celebración de "La libroton" que organizaba la Municipalidad de Lima y su programa de Bibliotecas Comunales, en el "Parque de la Muralla" del centro de Lima. Allí también participaría mi poeta rocker favorito, Rafo Raez y su grupo "Los Paranoias". La Sarita presentaría esa tarde, canciones de su nuevo disco "Mamacha Simona."



Subo a tus cumbres
y siento que la vida está más cerca
hay una verdad escondida en mi cabeza
siento el camino que el destino me ha trazado
es como el camino que mi ancestro ha levantado
claro y fuerte, hecho de piedra caliente
caliente como el alma de mi gente
pueblo andino, antiguo y milenario
que nunca ha olvidado que la tierra lo ha creado.


Un disco con un particular sello de identidad, con un sonido mas maduro y con unas canciones que son un verdadero placer para el oído, con una manifiesta influencia andina y con letras que son verdaderos destellos de genialidad, en la prosa de Julio Pérez. Canciones a los que Martín Choy y el resto del grupo han sabido otorgarle su cuota de talento.

Resistencia cultural, fusión, integración, mestizaje, huayno, mambo, afro, cumbia, salsa y rock. De todas las músicas, de todos los gustos y para todos los peruanos.

Llorar por dentro, esperanza secreta,
vacío infinito en horas inciertas,
sólo un instinto permite seguir,
en medio de un mundo que enseña a destruir.
Carnicerías en nombre de la paz,
las mafias gobiernan, el miedo es mordaz,
la libertad es tan sólo aparente,
la mano que guía se presta al engaño.

domingo, 26 de diciembre de 2010

EL SUEÑO DEL CELTA Y EL PARAÍSO DEL DIABLO

Por Róger Rumrrill:


Estaba esa mañana de abril en el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), en Iquitos, coordinando una reunión entre Jorge L. Chediek, representante residente de las Naciones Unidas en el Perú (ahora está en Brasil) y los investigadores del IIAP cuando recibí una llamada de Lima.
-El Dr. Mario Vargas Llosa quiere hablar urgente contigo-, me dijo mi esposa con un tono de apremio.
Casi automáticamente le contesté:
-Debe ser un error o alguien se está haciendo pasar por Mario Vargas Llosa. Hace cuarenta años que no cruzamos palabra con él-, le respondí incrédulo y de zopetón llegó a mi memoria esa llamada telefónica en la que me expresaba su felicitación, generosa y gentil, por unos poemas publicados en el suplemento dominical de “El Comercio” de un libro aún inédito y titulado El retorno de Axpikondiá sobre un mito fundacional de los indígena Tukano del Vaupés colombiano.
-No es un error. Me han dejado dos teléfonos y esperan tu llamada-, sonó casi imperativa la voz al otro lado de la línea.
Escuché que la secretaria que me contestó la llamada le decía: “Dr., tengo al teléfono al señor Róger Rumrrill”.
Su voz inconfundible exclamó al otro extremo de la línea:
-Róger, que alegría volver a escucharte después de tantos años. Siempre he estado leyendo cosas tuyas sobre la Amazonía y ahora tengo un gran interés en conversar contigo porque, como sabes, estoy escribiendo una novela sobre Roger Casement…-.
Tres días después retorné a Lima y fui, tal como habíamos acordado, a buscarle en su casa de Barranco.
-¿Has llegado fácil a la casa?-, me preguntó dándome un abrazo cálido al tiempo que llamaba a su esposa, Patricia Llosa, avisándole que yo acababa de llegar.
-Mario, llegar a tu casa es muy fácil. Porque hasta la calle se llama Mario Vargas Llosa-le respondí y el ahora Premio Nobel de Literatura del 2010 rió de buena gana, al tiempo que me invitaba a conversar en la terraza de su casa barranquina.
Lo tenía frente a mí y dos ideas me asaltaron. La primera fue recordar la descripción que el notable crítico literario peruano, Ricardo González Vigil, me hacía de la concentración que pone Mario Vargas Llosa en los ojos, en la mirada, cuando habla de literatura. “Se interesa tanto por el tema, que da la impresión que se va a tragar a su interlocutor con la mirada. Atrapa y devora todo. No se le escapa nada, ni el menor detalle”, me decía González Vigil.
La segunda idea fue aprovechar la ocasión para expresarle mi desacuerdo con su posición sobre los trágicos sucesos de Bagua de abril, mayo y junio del 2009 y la resistencia indígena frente a la política del perro del hortelano del presidente Alan García Pérez y su tesis de la utopía arcaica sobre la cosmovisión andino-amazónica formulada en su ensayo sobre José María Arguedas. Pero rápidamente pensé: “Este no es el momento y nos pasaríamos todo el tiempo discutiendo esos temas. Mejor hablamos sobre lo que a él le interesa”, me dije.
En efecto, lo que al autor de El sueño del celta le interesaba más que ninguno otro tema era hablar de Bejamín Saldaña Roca, el periodista que tuvo las agallas, el coraje y el atrevimiento de denunciar las tropelías de Julio C. Arana en el Putumayo en sus periódicos La Sanción y La Felpa en Iquitos de la primera década del siglo XX, de Roger Casement, el héroe irlandés de su novela y de tantos otros personajes y de la compleja, desmesurada y trágica realidad amazónica del ciclo del caucho. Sólo a los pocos segundos de haber iniciado nuestro diálogo me percaté que Mario Vargas Llosa había leído todo o casi todo sobre los sucesos del Putumayo y sus protagonistas. Con ese obsesivo rigor que le caracteriza para acopiar y acumular ingentes cantidades de información de toda naturaleza para la construcción de su universo narrativo, conocía los mínimos detalles de la historia del caucho y sus protagonistas.
Entonces, se me ocurrió darle algunas sorpresas. Porque, pensé, al mejor cazador se le va la paloma. “Y a este gran cazador literario creo que se le han ido algunas palomas amazónicas”, me dije asimismo.

Las presas que el cazador no había todavía cazado

-Entrevisté en los años sesentas del siglo XX en Iquitos a Miguel Loayza, hombre de confianza de Julio C. Arana y, como tal, confidente y cómplice de la violencia contra los indígenas de la familia etnolingüística Witoto, es decir los Andoque, Witoto, Ocaina y otros-, le dije.
-¿Has conocido y entrevistado a Miguel Loayza?-me interrogó asombrado.
Entonces le narré con lujo de detalles que en los sesentas del siglo XX, cuando acababa de cumplir 22 años, decidí entrevistar a todos los sobrevivientes del ciclo del caucho que vivían en Iquitos, pero también a los últimos testigos de la revolución del capitán Guillermo Cervantes Vásquez de 1921 y a los actores de otros ciclos económicos de la Amazonía. En una de mis pesquisas y exploraciones llegué al asilo de ancianos Chanteclair, que estaba ubicada en la circular, como se denominaba y aún se denomina a la carretera al lago Moronacocha. Revisando la lista de hospedados en el asilo, descubrí nada menos ni nada más que a Zacarías Valdez Lozano, el lugarteniente de otro de los barones del caucho, Carlos Fermín Fitzcarrald.
Miguel Loayza vivía en el distrito de Punchana, en una casa de dos pisos que casi era una copia de esas casas donde funcionaba la administración en los campamentos caucheros en La Chorrera en el río Igara Paraná y El Encanto, en la confluencia del Caraparaná con el río Izá, el nombre indígena del río Putumayo. Tenía 90 años de edad y estaba fuerte como un shihuahuaco. Era más alto que bajo y su apariencia, para la edad que tenía y para la vida que había llevado, denotaba buena salud que se traslucía en su piel blanca y rosada. “Parece un puca bufeo”, pensé apenas empezamos a conversar.
Dubitativo y receloso al principio (me preguntó a quemarropa quién era, a qué me dedicada y por qué le visitaba), luego entró en confianza y me contó el sistema de trabajo en las caucherías, las pugnas con los colombianos a quiénes Julio C. Arana había comprado sus posesiones o los había desalojado a la fuerza y sobre la violencia contra los indígenas. Cuando terminó la entrevista y me despedí, una idea preocupante revoloteaba en mi cabeza. ¿Por qué para Miguel Loayza y seguramente para Arana y sus carniceros, entre ellos Víctor Macedo, Miguel Flores, Armando Normand, Abelardo Agüero y Augusto Jiménez, todos ellos denunciados por el periodista Benjamín Saldaña Roca, la inhumana crueldad contra los indígenas era algo natural?.
Tan natural que en los años setentas del siglo XX todavía se vendían esclavos indios en la plaza de armas de Atalaya, en el río Tambo. Tan natural que aún ahora, en el año 2010, lo he visto con mis propios ojos, persiste el semiesclavismo en el Yurúa, en el Purús, en el Putumayo, en Madre de Dios.
Si antes la causa de este oprobio contra los indígenas fue el caucho, el oro blanco, ahora es la caoba, el oro rojo de la Amazonía, las pepitas de oro de los ríos Huaypetue, Colorado e Inambari. Y en el presente y en el futuro la causa será el agua, la energía, la biodiversidad y las tierras amazónicas en el nuevo ciclo de las materias primas cuando la Amazonía vuelve a tener, en el siglo XXI, la misma importancia estratégica o más que tuvo a fines del siglo XIX y principios del siglo XX para la economía mundial.
El egoísmo, la sed insaciable de riquezas, la acumulación sin límites de bienes materiales encallece la conciencia y la moral de los seres humanos en todas las épocas y sociedades.

El tesoro de Bodley

-Hay muy pocos datos sobre Benjamín Saldaña Roca. Sé que era de origen judío. Pero se sabe muy poco o nada sobre su vida después de las denuncias contra la Casa Arana y sus crímenes-, reflexionó el escritor.
-Es cierto, en los años sesentas del siglo XX había muy pocas personas que lo habían conocido. Uno de ellos fue don Alfonso Navarro Cáuper, que fue una especie de secretario del Dr. Jenaro Ernesto Herrera, miembro de la magistratura loretana, director del semanario Loreto Comercial, escritor y erudito y sin duda el más prominente intelectual amazónico de las primeras décadas del siglo XX. Pero quizás la mejor forma de conocer a Benjamín Saldaña Roca es leyendo La Sanción y La Felpa-, le dije.
-He leído las únicas ediciones que he encontrado en los archivos-, dijo con cierto tono de desencanto.
-Yo he leído casi todas las ediciones-, le dije provocadoramente y como quién no le da importancia al asunto.
Mario Vargas Llosa se sobresaltó en su asiento y mirándome con una fijeza abrumadora, me preguntó:
-¡Dónde!-
-En el archivo Bodley, en la Universidad de Oxford, en Inglaterra-, le contesté.
Mario Vargas Llosa estaba hecho un mar de curiosidad. Su mirada denotaba que sólo esperaba la historia del tesoro Bodley.
Esta historia empieza en los ochentas. En esa década fui invitado a Europa y parte del periplo incluía Londres y Oxford. Teniendo como guías al periodista peruano Javier Farje, que en ese tiempo trabajaba en la BBC y a Andrew Gray, un joven inglés que dedicó su vida al estudio y defensa de los pueblos indígenas en especial de Madre de Dios y que murió trágicamente ahogado en el Atlántico, llegué a Oxford. Allí fue donde Gray me habló por primera vez del famoso archivo Bodley, guardado bajo siete llaves en el sótano de la biblioteca de la Universidad.
Gray estaba escribiendo en esos días el ensayo titulado The Putumayo Atrocities Re-examined y había leído y revisado posiblemente las miles de páginas guardadas en 13 cajas. El archivo Bodley atesora con seguridad la mayor cantidad de originales de documentos confidenciales acopiados por diversas fuentes y entregados a la Sociedad Antiesclavista de Londres y cuya difusión, por razones humanitarias y también comerciales y geopolíticas, provocó sin duda el primer escándalo mundial de los tiempos modernos y con ello el derrumbe del imperio Arana en la Amazonía Peruana.
Porque no hay que olvidar, para entender a cabalidad el Informe Casement, el por qué de la vasta repercusión que tuvo en el contexto político, económico y geopolítico de Europa, Estados Unidos y América Latina y del resto del mundo. Las denuncias de las atrocidades cometidas en los campamentos caucheros de Arana en el Putumayo ayudaron de modo decisivo y eficaz a los intereses colombianos en la región. Veamos. El 6 de junio de 1906 el Perú y Colombia suscribieron un acuerdo de modus vivendi en la zona de conflicto del Caquetá y del Putumayo. Pero menos de un año después, en octubre de 1907, Bogotá comunicó a Lima el cese unilateral del acuerdo. El gobierno de Lima pidió a Julio C. Arana que ayudara con su gente a repeler una posible invasión colombiana. Hubo enfrentamientos en las localidades de La Unión y La Reserva.
Todo este diferendo fronterizo culminó con el Tratado Salomón-Lozano, negociado y firmado secretamente por Leguía en el año 1920 y ratificado por el Congreso peruano el 20 de diciembre de 1927 y rechazado por todo el país y en particular por la población amazónica peruana. El entreguismo del dictador del oncenio le costó al Perú la pérdida de 128 mil kilómetros cuadrados del Trapecio Amazónico. Estados Unidos jugó un rol fundamental en la formulación y ratificación del Tratado Salomón-Lozano.
Con este acuerdo zanjaba su deuda con Colombia por el territorio panameño. En octubre de 1903 el presidente estadounidense Theodore Roosevelt traza su estrategia. Establece dos medios para vencer la resistencia colombiana. En primer término, una secesión: si los habitantes del Istmo tienen materialmente interés en establecer el canal en su territorio pueden, por tanto, proclamar su independencia y establecer un trato con Estados Unidos. En segundo término, en el caso de que la secesión no tuviese lugar, se produciría la invasión del Istmo. El 10 de octubre de 1903 Roosevelt escribe: “Estaría encantado de ver a Panamá convertirse en un estado independiente”.
La feroz campaña británica contra Arana, legítima en términos humanitarios, estuvo siempre cargada de cinismo y de intereses políticos y económicos. El gran historiador de la república, Jorge Basadre escribe a este respecto: “Las atrocidades en el Putumayo fueron bochornosas, pero no representaron, por lo demás, un hecho histórico aislado ni pueden ser imputadas al Perú como un baldón exclusivo o singular. Basta recordar lo ocurrido en Irlanda, África del Sur, Australia y Jamaica para mencionar unos cuantos casos en el imperio británico donde tanto abundaron las protestas en aquella oportunidad, así como el sojuzgamiento de los pieles rojas en Estados Unidos, el otro país donde halló estentóreos ecos el escándalo”.
La caída de Julio C. Arana y con él de todo el sistema cauchero de la cuenca amazónica tenía una innegable importancia económica. El imperio británico había establecido plantaciones del Hevea brasiliensis en sus colonias de Asia, en Indonesia, Java y Sumatra, con 70 mil semillas hurtadas por el mayor biopirata del siglo XIX, el agente inglés Henry Alexander Wickham en 1876 en el río Tapajós, en Brasil. Cuando se desata el escándalo del Putumayo y la Peruvian Amazon Rubber Company colapsa, ya los ingleses tenían lista una oferta de caucho producido en sus plantaciones asiáticas suficiente para cubrir la demanda mundial. Esta oferta cauchera terminó por arruinar toda la economía de la cuenca amazónica, derrumbando estrepitosamente el efímero esplendor de Iquitos, Manaus y de Belém do Pará. Esta última ciudad amazónica brasileña llegó a tener la mayor flota fluvial del mundo para transportar caucho.
Por esta y otras razones, resulta ingenuo pensar que las denuncias de Casement, que parecen calcadas a la que hizo sobre el Congo belga, hayan tenido sólo fines humanitarios. También por estas y otras razones, tanto Julio C. Arana como Roger Casement, cada uno desde sus propios intereses personales o nacionales, desde sus propias conductas o inconductas, fueron también piezas de un tablero de ajedrez donde se movían las estrategias económicas y geopolíticas de un imperio declinante y de otro emergente.
Andrew Gray me ayudó a tramitar el permiso especial de la Universidad de Oxford y una vez obtenido el documento me sumergí durante una semana en el escenario de pesadilla del Putumayo de la primera década del siglo XX, el teatro de horror que ha servido a Mario Vargas Llosa para escribir el capítulo amazónico de El sueño del celta.
Los archivos son 13 cajas de Pandora. Porque como en la versión del mito griego del poeta Hesíodo, los documentos revelan todos los males y desgracias de los seres humanos. En este caso de los indígenas Witoto. Por supuesto que una de las cajas contiene todo el dossier Casement. Luego están los testimonios y las evidencias bajo el título Evidence 1913. Minutes of Evidence taken before the Select Committee on Putumayo Atrocities, 1912.
Les atrocités du Putumayo. Les explications du Pérou por el juge Rómulo Paredes, es otro documento. Paredes, el juez que viajó en reemplazo del juez Carlos A. Valcárcel al Putumayo en marzo de 1911 se refiere a la British Peruvian Amazon Company y en su informe afirma que las mayores atrocidades son cometidas por los ingleses, es decir, los capataces barbadenses. También sostiene que el cónsul inglés en Iquitos desde 1903, David Cazes, sabía de los crímenes cometidos en los campamentos caucheros de Arana.
Un Index and Digest of Evidence to the Report and Special Report
aporta testimonios de torturas y crímenes y otro titulado Select Committee on Putmayo Atrocities, 1912 agrega más pruebas. El archivo Bodley también guarda el famoso texto del norteamericano Walt Ernest Hardenburg The devil’s paradise. A catalogue of Crime y está dedicado al periodista Benjamín Saldaña Roca y al Dr. Darío A.Urmeneta. Hardenburg fue denunciado por Arana y personalidades de la política peruana de ese tiempo de ser un agente pagado por la cancillería colombiana para desprestigiar a Arana acusándolo de genocida.
En una de las 13 cajas está la correspondencia de la Peruvian Amazon de 1912 y 1913. En otra encontramos todas las cartas dirigidas a Walter Legge Comité Office House of Commons S.W. Otra de las cajas es el depósito de las cartas, memos y los contratos de trabajo. Uno de esos contratos es el suscrito entre J.C. Arana y hermanos, la razón social de la también llamada Casa Arana y Preston Johnson, de Barbados. El contrato establece un salario mensual de 5 libras esterlinas, más casa y alimentación en La Chorrera, además de medicinas gratis y pasaje de ida y vuelta a Iquitos. La fecha es del 25 de abril de 1908 y firma el contrato por The Peruvian Amazon Rubber Co. Ltd. el gerente general, Pablo Zumaeta, cuñado de Julio C. Arana.
Una de las cajas contiene la edición del diario El Comercio de Lima del miércoles 11 de setiembre de 1912 con un artículo titulado Los crímenes en el Putumayo. El Oriente, el decano de la prensa iquiteña, también informa al respecto en su edición del viernes 2 de diciembre de 1910. Está archivada asimismo la edición del diario La Prensa de Lima del lunes 25 de noviembre de 1912 que publica los artículos El Porvenir del Oriente Peruano, La despoblación de Loreto y sus causas y Un régimen inicuo donde el autor de las crónicas, Manuel Rivera Iglesias, señala que con el régimen esclavista del ciclo cauchero la población del Putumayo ha descendido de 61,125 habitantes a 45,000 pobladores.
En otra de las cajas están precisamente las ediciones de La Felpa del 1 de noviembre de 1907 y La Sanción del jueves 24 de setiembre de 1907.
-Pasado mañana me voy a Inglaterra invitado para dictar una conferencia en Oxford. Lo primero que haré luego de mi conferencia será ver el archivo Bodley-, expresó francamente emocionado Mario Vargas Llosa luego de escuchar mi versión del archivo Bodley.

El Socio de Dios

Creo que fue a mediados del año 1986 que recibí una llamada del cineasta y escritor cusqueño Federico García Hurtado pidiéndome una historia amazónica para su próxima película. Estaba decidido a no perder la continuidad creativa luego de su largo metraje Túpac Amaru (1984).
El tema amazónico que me pedía Federico García estaba hace tiempo en mi cabeza: Julio C. Arana, el Rey del Caucho. Había estado pensando además que para una película o una novela el título sería El socio de Dios, un título prestado al empresario norteamericano Roy Le Tourneau que, en los años cincuentas del siglo XX, se había instalado en el Ucayali con el sueño de conquistar la Amazonía con maquinaria y construir un imperio, el mismo sueño del multimillonario Henry Ford y su Forlandia en Brasil. Le Tourneau, que se hacía llamar El socio de Dios porque entregaba el 10 por ciento de sus utilidades a su iglesia, sucumbió lo mismo que Ford y otros que creen, como Francis Bacon (1561-1626), el llamado padre de la ciencia moderna, que a la naturaleza hay que someterla y conquistarla. Pero todos mueren en este intento porque con la naturaleza amazónica hay que coexistir y convivir armoniosamente como piensan y sienten los indígenas amazónicos.
El tema amazónico y el personaje Julio C. Arana entusiasmaron a Federico García. Me pidió que escribiera la sinopsis y luego juntos acordamos elaborar el guión técnico. Decidí entonces cumplir un antiguo reto, un viejo proyecto que había nacido en las interminables tertulias con Fernando Barcia García, descendiente de una poderosa familia cauchera de principios del siglo XX, político y dueño de un enciclopédico conocimiento de la historia y la vida de la Amazonía. Partí pues a realizar ese sueño: recorrer el Putumayo y sus afluentes del Igara Paraná, el Caraparaná y algunos de los campamentos donde, según la conclusión del Informe Casement, en 12 años de operaciones se habían extraído 4 mil toneladas métricas de caucho, con una utilidad de 1 millón 500 mil libras esterlinas y a un costo de 30 mil muertos indígenas.
Las referencias a los ríos Putumayo, Igara Paraná, Caraparaná y Caquetá y de los campamentos La Chorrera, El Encanto, Matanzas, Abisinia, Último Retiro y otros detalles de esa y otras travesías que efectué por el paraíso del diablo, de acuerdo al título de la novela de Walt Ernest Handerburg, desataron una profunda emoción en Mario Vargas Llosa.
-¡Qué maravilla que hayas conocido esos territorios!-, exclamó.
-Si organizamos un viaje al Putumayo, ¿tú me podrías acompañar?-, me preguntó eufórico.
-Por supuesto, Mario, con mucho gusto. Sólo me avisas con tiempo la fecha de la partida-, le contesté.
Tuvimos tiempo aún de elegir el mejor mes para el viaje. “Junio o julio, en pleno verano amazónico, son los mejores meses para viajar por la Amazonía”, le dije. Pensé también, aunque me guardé el secreto, que durante ese viaje le haría conocer (si es que ya no lo conocía), le mostraría la solicitud que Julio C. Arana del Águila le entregó a Augusto B. Leguía, el 5 de enero de 1921, demandando el título de propiedad definitiva del lote Putumayo, con una extensión de 5 millones, 774 mil hectáreas, en posesión por compra y por ocupación por más de 20 años.
El documento es, sino el único, uno de los pocos alegatos personales que se conocen de Julio C. Arana dirigidos al gobierno peruano. A lo largo de sus 44 páginas no hay ningún propósito de mea culpa por los errores cometidos. Todo lo contrario, reclama para él el mérito de defensor de la patria para lo cual-dice-formó un ejército privado de centenares de licenciados que contuvo los aprestos invasores de las fuerzas del general Rafael Reyes, presidente de Colombia y antiguo extractor de cascarilla en el Alto Putumayo. Muestra las cifras que invirtió en la compra de propiedades colombianas por insinuación del presidente Pardo para contener la invasión del territorio peruano, 1 millón 710 soles.
Informa detalladamente sobre la construcción de 604 kilómetros de vías de herradura y de 175 kilómetros de caminos para viandantes para interconectar el Putumayo y sus afluentes, la dotación de sus vapores Liberal y Cosmopolita para la defensa nacional y sus aportes a las rentas fiscales por derechos de exportación desde agosto de 1901 al 30 de enero de 1920 por un monto de 103,960,000 libras peruanas, además del pago a la aduana de Iquitos de 200,000 libras peruanas por los derechos de importación de bienes para sus campamentos caucheros por 792,389.355 libras peruanas.
El título de propiedad definitiva del lote Putumayo de 5 millones, 774 kilómetros cuadrados fue expedido por Resolución Suprema No. 103 del 12 de agosto de 1921. El inmenso territorio cuyos límites eran por el norte el río Caquetá, por el sur los ríos Tamboryacu, Algodón y Yaguas y por el este el río Yuris o Pupuñas y el oeste “montaña baldía” pasó a Colombia con la firma del Tratado Salomón-Lozano. En el año 1939 el gobierno colombiano acordó compensar a la familia Arana con 200 mil dólares por el bien perdido. En ese año desembolsó 40,000 y el año 1964 pagó el resto.
El viaje no se pudo realizar porque Mario Vargas Llosa tenía múltiples e impostergables compromisos, entre ellos, concluir en la fecha prevista El sueño del celta. Pero ahora que viajará a Estocolmo en diciembre de este año para recibir el Premio Nobel de Literatura del año 2010, con seguridad estará pensando en el Putumayo, en el paraíso del diablo, convertido, gracias a su enorme talento, en gloria literaria.

Lake Elsinore, California, 24 de noviembre del 2010.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Ponyo on the cliff by the sea


Suceden muchas cosas en el mar, se encuentran muchas cosas en el mar o en la orilla del mar। Si uno mira con atención, la vida en pequeñito en la orilla del mar es verdaderamente fascinante। Pero… ¿que sucede cuando uno se encuentra una “pecesita” con rostro humano atrapado en un envase de vidrio? más aun, si al momento de encontrarlo tienes tan solo cinco años. Pues eso le sucede a Sosuke, que un día jugando en la orilla del mar, se encuentra un extraño pez con cara de niña y decide ayudarla, la pone en un balde con agua y no pasa mucho tiempo para encariñarse con ella y la nombra Ponyo.

Simple pero mágico inicio para contar una historia y que, durante todo el tiempo que dura la película no dejo de sorprenderme ni de emocionarme. He visto muchas películas infantiles pues tengo dos hijos, y esta, es una de las pocas películas que nos devuelve a ese mundo de fantasía que creamos alrededor nuestro cuando somos niños.

El maestro japonés Hayao Miyazaki no necesita presentación alguna, pues, suyas son otras sorprendentes películas como “La Princesa Mononoke”, “El Castillo Ambulante” o la muy conocida “El viaje de Chihiro” filmes cuya trama y propuesta estética eran mas bien surrealistas.








En esta ocasión el maestro Miyazaki nos propone un mundo lleno de inocencia y de la más infinita ternura। Para lograrlo, el maestro se da el trabajo de obviar el computador y recuperar el trabajo hecho a mano con unas acuarelas bellísimas (hay informaciones que dicen que son mas de 170.000 mil dibujos realizados) lo que otorga al resultado final de su obra, un alucinante brillo estético, en donde los paisajes, los fondos marinos y sus originales personajes adquieran una belleza y un sentido particular.
Sosuke no sabe que su nueva amiga es una princesa del mar, especie de sirenita que quiere explorar el nuevo mundo y que en ese afán de búsqueda, llega a caer atrapada, y es allí, donde Sosuke la encuentra। La simpatía de Ponyo lleva a Sosuke a encariñarse con ella y con el paso de las horas su amistad se ve mas fortalecido al tener que enfrentar diferentes situaciones, que llegan a su clímax cuando Ponyo decide ser humana. Es allí donde empiezan los problemas, pues, esto supone una ruptura dentro del orden natural de las cosas. A sabiendas de lo que esto significa, el padre de Ponyo decide intentar evitarlo pero no lo consigue. Ponyo escapa y con su huida, desencadena una serie de catástrofes naturales: la luna deja su orbita lo que causa tsunamis, lluvias tormentosas e inundaciones. Hasta que hace su aparición la Diosa del mar, madre de Ponyo, quien en su inmensa sabiduría sabe, que solo, si esa amistad es producto de un sentimiento poderoso como el amor, no hay de que preocuparse.

La película tiene momentos subliminales y una de ellas, es la aparición de la Diosa, otros momentos emotivos tienen que ver con la relación de amistad entre Sosuke y sus padres; de alguna manera, el Maestro Miyazaki nos recuerda que antes de padres fuimos hijos y que es importante que nuestros hijos se sientan amigos de sus padres.
Las películas de Hayao Miyazaki son verdaderas obras de arte y no tienen nada que ver con muchas de las mediocres adaptaciones y propuestas de hollywood.

Una película infantil que puede ser disfrutada por todos, un hermoso cuento que merece ser visto en familia. Una propuesta inteligente que reafirma mi creencia de que los niños siempre serán más inteligentes que sus padres.

martes, 19 de octubre de 2010

LA MUERTE DE LAS LENGUAS, LA AGONÍA DE LAS TRADICIONES

Según investigaciones publicadas, una lengua humana muere cada dos semanas con su último hablante. Los científicos estiman que hay unas 6.000 lenguas vivas en el mundo, de las que se cree que aproximadamente el 90% desaparecerá en los próximos dos o tres siglos. Solo en Norteamérica han desaparecido en las últimas décadas más de 50 lenguas nativas. En la amazonia peruana a principios de siglo XVIII existían alrededor de 150 lenguas, de las que actualmente sobrevive apenas una tercera parte.
Kuyayninchikuna manam imapasñachu.
Ñuqanchik, llapa allpa duminaqkuna
pachapa tawa kuchunkunata,
wañuq suyuymanta asllam kanchik.
Pachaqa tawa kuchuyuqmi aswan,
Pachaqa manañam tukunchu hatun yakukunapi.
Nada nuestros cariños.
Nosotros, dominadores de todas las tierras
de las cuatro esquinas del mundo,
valemos menos que un esclavo muerto.
Y el mundo tiene más de cuatro rincones,
el mundo no termina ya en las aguas grandes.
Hace un par de años, recibí un e-mail, en donde se me invitaba a participar de la “Tercera Edición del Atlas mundial de las lenguas en peligro de desaparecer” (Atlas of the World’s Languages in Danger). Un esfuerzo de la UNESCO sobre un tema muy importante. Evidentemente, agradecí la invitación, pero, aclare a los responsables que yo, era tan solo un artista inmiscuido en temas de tradición oral y que infelizmente, no era un investigador sobre el tema de las lenguas nativas, por lo que derive el contacto a las personas idóneas y que realmente conocen de esta problemática en su verdadera magnitud para el contexto amazónico - peruano. Aunque me sentí realmente contento de saber que se venía trabajando en una temática que por mucho tiempo creía relegada.
Uno de los problemas más serios que encontré en mis recorridos por la amazonia y del que tengo conocimiento también acontece en los andes, es sin lugar a dudas, la marginación y burla hacia quienes practican sus propias lenguas minoritarias, esta situación terminara por afectar parte del manantial de la oralidad tradicional del que muchos narradores orales bebemos. Una de las razones claramente identificadas por diversos investigadores, es la pobreza extrema de las comunidades que poseen su propio idioma. En la selva peruana, muchos padres, miembros de esas comunidades, no quieren que sus hijos hablen su lengua tradicional y algunos llegan incluso a sentir vergüenza de sus apellidos originarios. Ellos sienten que su idioma los identifica como pobres, por lo que buscan un modo de proteger a su familia del rechazo y evitar sentirse menospreciados. De allí, la falsa creencia de que olvidar su idioma y cambiarse el apellido les dará un mejor estatus, así como el respeto de la “sociedad”.
Cuando era adolescente, pude ser testigo en el colegio donde estudiaba, de la burla y el acoso hacia los chicos que tenían apellidos nativos tales como Mananita, Taricuarima, Chuquipiondo, Yuyarima, Yaicate, etc. Esta situación es también evidente en los institutos y universidades donde muchas veces la burla y persecución llega a ser incesante. Esta persecución, se hace mas evidente con aquellos recién llegados, quienes vienen del monte en familia, dejando sus caseríos o aldeas para intentar integrarse a la ciudad. Esto lleva a muchos de esos jóvenes, a tener una etapa de estudios llena de conflictos y cuestionamientos sobre su propio origen e identidad.
En un país como el Perú, donde el mestizaje alcanza casi a la totalidad de la población, resulta absurdo este tipo de manifestaciones segregacionistas.
Mana wañuq inkanchik,
Intipa churin,
Apu llapa apukunapa kasunan,
Saruyasqa chutarayan;
Qasqunpa waka willkan kusman,
mitupi qachachasqa;
Mana wañuq sunqun, pakisqa;
ñawinkuka mana pipa qaway atipanam,
kamisqakuna,
Hawa runakunapa kuchusqa.
Nuestro Inka inmortal,
hijo del Sol,
Dios que todos los dioses obedecen,
pisoteado yace;
La divina tela de su pecho,
arrastrada en el barro;
Su invulnerable corazón, desecho;
Sus ojos que nadie puede mirar,
insultados,
Tasajeados por los usurpadores.
En áfrica, la situación es bastante parecida. Producto de las colonizaciones, guerras y conflictos tribales, también se van perdiendo muchas lenguas originarias y van asumiendo como suyos idiomas europeos tales como ingles, francés, alemán, portugués e italiano; que son las lenguas colonizadoras más extendidas. Un claro ejemplo de la persecución a las lenguas tradicionales en Mozambique, me lo conto un amigo, quien en cierta ocasión, en que se encontraba comprando en una tienda, fue testigo de la actitud estúpidamente colonialista de una mujer extranjera, quien al escuchar a la vendedora de la tienda agradecer en su idioma local (que es el Changana) a un cliente, mostrándose tontamente indignada, se quejo de que dentro de la tienda se hablara un idioma que según ella, nadie entendía.
Debo hacer de conocimiento de los lectores, que probablemente en Mozambique, diferentes datos obtenidos por investigadores de diferentes centros de estudios lingüísticos en Maputo, muestran que el 90 % de la población no habla el portugués, sino, lenguas tradicionales como el Changana, Makua, Ronga, Tsonga, Shona, Chopi, Bitonga, etc. Por lo que resulta absurdo intentar imponer una lengua que es más bien utilizada por los locales como un modo de acceder a ciertos objetivos profesionales, ya que en un mundo globalizado, se les exige también hablar esas otras lenguas, pero, que en el ámbito familiar y comunitario, la mayoría se comunica en sus lenguas propias.
Otro comunicado de la Unesco, hacía referencia de que la mitad de las lenguas existentes en el mundo podría perderse dentro de ‘pocas generaciones’, debido a presiones culturales y económicas, así como al desarrollo de nuevas tecnologías que favorecen la homogeneización. El organismo difundió hace un tiempo atrás, un amplio estudio sobre las lenguas en la Amazonia, varias de ellas habladas por muy pocos individuos.
En Perú, hay como en Brasil, una gran diversidad de pueblos o segmentos de pueblos indígenas aislados (existen informaciones sobre alrededor de 20 grupos) y otros en contacto inicial, en general a lo largo de la frontera con Brasil, pero también en diversos otros puntos. Hoy la mayoría se encuentra en el seno de cinco Áreas Naturales Protegidas (ANP) o en cinco Reservas Territoriales que corresponden a sus áreas de desplazamiento y que fueron establecidas para ellos: ver mas en el siguiente link: Situación de los últimos pueblos indígenas aislados en América latina de Vincent Brackelaire.
El portal de la BBC publico hace un tiempo atrás, un comunicado de la ONU que dice lo siguiente: “La sabiduría tradicional de un pueblo, incluye secretos sobre cómo tratar el entorno y la tierra, que han pasado de boca a boca durante siglos y que respetan las características del medio ambiente en que se desarrollaron. Se trata de secretos de la naturaleza, contenidos a menudo en canciones populares, en cuentos y en artesanía de los pueblos indígenas que podrían perderse para siempre sepultados en el proceso de globalización actual".
Kay pacha mistikuna,
wak uywakunamanta
kimsa yawarkunata chaskirqaku,
kamachiqninkuna uchuku sunquyuq
chaskirqaku
hatu hatun allpakunata,
sawasqata chaskirqaku.
Wasinkunapas suwasqam,
sutinkunapas suwasqam,
sunqunpas,
ñawinkunapas,
llapa kayninkuna,
suwasqam, suwasqam, suwasqam.

Los mistis de este tiempo,
de aquellas bestias
recibieron tres sangres,
sus gobiernos de corazón vacio
recibieron,
haciendas recibieron.
Robado recibieron.
Sus casas también robadas,
sus nombres también robados,
su corazón,
sus ojos,
todo su ser,
robado, robado, robado.
Existen otras publicaciones variadas sobre este tema y acabo de leer los datos recogidos por el poeta Cesar Calvo en su libro “Edipo entre los Inkas” en el que llega a enumerar cerca de 696 nombres de naciones e idiomas amazónicos desaparecidos o exterminados. Calvo en su genialidad poética dice al iniciar este capítulo: “…En cada letra hay niños, hay ancianos, hay mujeres y varones reclamándonos, recordándonos que ellos fundaron la existencia del mundo en nuestra selva. Millones de inocentes victimados… “
“En cada uno de los 696 nombres de esta lejanía, de esta letanía que habita nuestro duelo desde antes de ser nacidos. Y que no tiene, todavía, fin…”
Aunque aparentemente no esta ligado al tema desarrollado, quería mencionar una preocupación personal, respecto al mal uso de las tecnologías en los caseríos y aldeas amazónicos. En mis recorridos por diversas comunidades de este inmenso territorio he podido ser testigo de la invasión e intromisión de la televisión, que ahora llega a todos lados. Viajando por los ríos Huallaga, Pisqui, Puinahua; he visto varias comunidades organizarse para ver la televisión por la tarde, realizan una rápida colecta de dinero para comprar la gasolina que necesita el generador eléctrico, luego, todos se plantan enfrente de la “caja boba”. Son las únicas dos horas al día que se organizan para tener electricidad. El problema obviamente no está en que se utilice esta tecnología, lo lamentable es que se encienda justo en las horas en que se solían juntar para conversar y contar sus anécdotas e historias, lo que los va distanciando cada vez más de sus tradiciones orales. De repente, sus mitos y leyendas se ven remplazados por patéticas telenovelas.
Aunque no todo es negativo, dentro de esta experiencia vivida en los ríos amazónicos he podido observar que felizmente, existen personas en las aldeas y en comunidades enteras que entienden el valor de sus tradiciones, asumiendo la necesidad de entrar en equilibrio con la modernidad, lo que hace necesario que los gobiernos de turno se comprometan a revisar los proyectos educativos nacionales en Perú, integrando los aspectos más importantes de las culturas amazónicas y andinas, así como también, la imperiosa necesidad de involucrar dentro de los programas educativos, el trabajo de los profesores bilingües que ayuden a preservar esas lenguas y tradiciones, ofreciéndoles herramientas y libros adecuados para esta labor.
Aswam allinmi
allqukunapa tuqaynin,
llamakunapa akan,
aswan allin
kichkakunapa chiqniynin.
Chayna kawsasqankuhina
mana kawsaspa,
mana musyaspa,
tukuchkankuñam.
Ismu sarakunahina,
chay hinachalla,
tukuchkankuñam,
Más justo es
la saliva de los perros,
el excremento de las llamas,
Más justo es
el odio de los espinos.
Y así como vivieron,
sin vivir,
sin darse cuenta,
ya se están acabando.
Como los maíces podridos,
igualito,
ya se están acabando…,
Extracto del Poema “Pakisqa Willakuy Chiqan Kawsay”. (La historia rota, la vida verdadera) del Poeta Quechua Isidro Kunturi.